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miércoles, 14 de enero de 2026

Cartas Marcadas (I) • Rancheros 04. (Sofía 2)



CARTAS MARCADAS (I)  • RANCHEROS (Sofía 2)
(VERSIÓN 1.0-CRUDO)

Por Rebelde Buey


Estas y otras cartas privadas pertenecen a la Biblioteca y Centro Cultural de Alce Viejo. Correspondencias como ésta, así como oficios legales, testamentos y todo tipo de registros privados son hallados regularmente en casas antiguas o demoliciones, ocultos en baúles y cajones con dobles fondo, y donados por la gente a esta institución pública para gestionarlos como registro universal de las costumbres, idiosincrasia y don de gente del pueblo. 
Este blog tiene el honor y el privilegio de haber sido elegido para publicar por vez primera algunos de estos imprescindibles documentos que son testimonio de la historia viva y real no solo de Alce Viejo, sino del mundo.

LEÉ LAS CARTAS ANTERIORES EN ORDEN:



04. Sofía a Coriolano — Respuesta 2

Alce Viejo
10 de abril de 1930

Mi único y adorado Coriolano:

Dices que andan cuatreros por doquier, ¡y ¡tienes toda la razón! Desde hace unos días, he estado escuchando ruidos de noche, unos crujidos tan extraños que me dan un terror cerval. Por ello, los vecinos, en su infinita generosidad, ya no se conforman con pasar por fuera: ahora entran a la casa y la revisan por dentro cada noche, con linternas y mucho celo. Me dijeron “Desde ahora, Sofía, cada noche vamos a entrarle bien a fondo, hasta el último centímetro”. Y vienen cumpliendo, mi amor. Eso hace que ahora se derramen demoren adentro un poco más. Algunos se demoran unos cuarenta minutos, otros con veinte ya acaban. De revisar. Cada uno lo hace distinto, pero todos me cumplen.
Su presencia dentro del hogar, tan firme y masculina, me ha dado una tranquilidad que no sentía desde tu partida. O incluso antes. Es bueno, tan bueno, sentir la presencia de un verdadero hombre que sepa tomar las riendas. 

En agradecimiento, he empezado a preparar un poco más de cena para invitarlos, pues entrarme hasta todos rincones da hambre y sed.
Eso sí, el vino los pone alegres y desinhibidos, debo admitirlo. Casi todas las noches me manosean un poco —nada serio, mi amor, no debes alarmarte— mientras bailamos alguna pieza frente al fonógrafo. O cuando estoy en la estufa cocinando. Son gestos amistosos, no lascivos, que yo reprimo con poca convicción, como a los niños, porque sé que no lo hacen con malas intenciones, y porque... bueno, porque he descubierto que extrañaba un poco el contacto con un hombre. Es natural, ¿no? Tu ausencia se nota mucho, mi cielo. Igual, no debes preocuparte: siempre que me tocan, te mencionan a ti con respeto. "Su marido es un hombre afortunado", dicen mientras me aprietan la cintura y pasan la mano recorriendo toda mi cola. O cuando desde atrás, aprovechando que tengo las manos ocupadas o sucias con algo de la cocina, me toman ligeramente de los pechos y los magrean juguetonamente un ratito: “Qué envidia sana me da su marido, señora Sofía…”, y meten mano por debajo de la blusa y el corpiño, para tener el contacto directo con mis pezones. Bueno, eso particularmente solo lo hace don Rapiña, que ya lo había hecho en la puerta de casa aquella noche que me encontró con el camisón transparente. Nada que alarmarse, amor, ya me venían manoseando desde antes, como esa noche que ya te dije, o cuando me ayudan a subir a las estanterías o cargar cosas pesadas. Es parte del trabajo, ¿verdad?
También me tocan un poco, sin querer, después de comer, cuando ponen el gramófono y bailamos tango y… bueno, es un baile ligeramente atrevido y las manos se van un poco de más. Yo los amonesto, no pienses que no, pero no me escuchan, creo que por el alcohol. Eso no les quita un ápice de su caballerosidad: cada vez que una mano se desliza bajo mi falda o mi corpiño, ellos mismos dicen “pobre Coriolano, qué buena esposa tiene el coronado éste…”. Así que, como ves, te respetan y te consideran como un rey.
Cuando me manosean yo los ubico enseguida, por respeto a ti. Les digo “eso que usted está agarrando no es suyo, es de mi marido”. Y ahí ellos reaccionan, terminan de manosearme rápido o darme un pellizco juguetón y se retiran. Te admiran mucho, mi amor.

Cómo Sofía amonesta a los rancheros cuando ellos se pasan un poquito con su caballerosidad:

Sobre los arreglos de la casa, les supliqué que me ayudaran, como me pediste, pero no tienen tanto tiempo libre. Ya pasan conmigo una hora a la tarde temprano y dos horas cada noche. Ellos también deben atender sus propios ranchos y sus mujeres. Pero me dijeron algo importante: el mejor para esos trabajos es Motongo. Me sugirieron que lo llame. Y sabes qué, Coriolano, me dijeron algo más que tal vez te tranquilice: según los vecinos, todo Alce Viejo ya da por descontado que eres el cornudo de Motongo —por aquel episodio del granero— aunque ellos saben que no lo eres. Así que, razonaron, si lo llamo, no pasará nada que no pase ya en la imaginación de esa tonta gente. Por eso, mi amor, te pido permiso para llamar a Motongo. Necesito que alguien arregle esto, y él es el más hábil y con la herramienta más gruesa.
Y si te sirve para convencerte todavía más de que tu fama de cornudo ya es historia vieja, en estos días en Alce Viejo no se habla de otra cosa que no sea de la Petra (la mujer del almacenero). Metió a Motongo en su casa mientras su marido dormía la siesta, y parece que Motongo metió lo suyo en ella. La hizo gritar como cuarenta minutos, la escuchó toda la cuadra, menos el cornudo que seguía durmiendo (así dicen, con esas palabras. Cornudo. Qué palabra tan fea). Al final tuvieron que llevarla en sulky hasta el médico porque no podía cerrar las piernas del todo. Y el cornudo en la pieza de al lado, durmiendo la mona, nunca se enteró. Así que el marido de la Petra es el nuevo ciervo de Motongo, tú ya no tienes nada de qué preocuparte.

Pero no todas son buenas noticias. Hay algo que debo contarte, aunque me avergüenza un poquito. Ya puedes olvidarte de si mis ropas se transparentan con el agua de la gotera o si un escote revela mis pechos de manera indecorosa frente a algún hombre. En una tarde infortunada, me estaba bañando en la barrica de afuera cuando llegaron los cinco vecinos juntos a consultarme sobre tu fecha exacta de regreso. Me encontraron completamente desnuda. Como había dejado mi ropa en una silla a diez metros, no tuve más remedio que salir del agua así, tal como Dios me trajo al mundo, delante de los vecinos. ¡Qué bochorno! Me comieron con los ojos, Coriolano, y confieso no sin remordimiento que me sentí incómoda, sí, pero a la vez extrañamente halagada. No sé cómo decirlo de otra manera: me sentí “vista”. Me sentí “mujer” en mucho tiempo. Debes pensar que soy una hija del demonio. Pero solo soy una esposa sola y quizá algo débil y confundida, expresando con honestidad un sentimiento que cruzó de un latigazo su corazón. El corazón que es enteramente de su marido.
Te aclaro, esposo mío, que no debes preocuparte de nada. Los cinco fueron muy caballerosos. Para ocultar mi desnudez y no verme así, me taparon con sus propias manos —desafortunadamente debieron tocarme en cada punto que cubrieron— hasta llevarme a la habitación. Allí los cuatro salieron para que pudiera vestirme. Una hora después regresé a la sala, les agradecí a los cinco y se fueron. ¡Son unos ángeles!

Y te hago una pregunta: con los cuatreros tan activos en la zona, ¿no convendría que el pobre Motongo se quedara todas las noches en el cuarto de invitados, para ahuyentar a los malhechores? Yo me sentiría más segura con un hombre tan imponente y viril al otro lado de la pared de nuestra habitación. Solo hasta que pase el peligro. 
Piénsalo bien. Piensa en mi seguridad.

Tu devota y fiel esposa,
Sofía.


(La respuesta de Coriolano, el sábado 17 a las 0:00 horas AR)

Cuando los cinco rancheros vecinos vinieron a preguntar por su esposo Coriolano, no encontraron a Sofía tan incómoda y abochornada como ella contó por carta a su marido. ¿Ustedes qué piensan?



NOTA: Al final de la seguidilla de cartas publicadas, todo se compilará como un solo relato (o dos, depende de la extensión) y copiaré los comentarios de los que quieran participar.

CARTAS MARCADAS será una serie de historias y personajes distintos cada vez. Hoy es el turno de Sofía y Coriolano. Posiblemente la serie de cartas que le siga a esta serie de cartas sea entre Julieta y Octavio, de EL FARO, el spin-off de LA ISLA DEL CUERNO. Y hay un par más de historias en el baúl.

 — Versión 1.0 (00/00/26)
(c) Rebelde Buey

3 COMENTAR ACÁ:

Chiraakk dijo...

Allí los cuatro salieron para que pudiera vestirme. Una hora después regresé a la sala, les agradecí a los cinco.
tenes que cerrar el estadio ! los genios hacen eso.

Rebelde Buey dijo...

JAJAJAJA x'D

Anónimo dijo...

Estás cartas son excelentes Rebelde- gracias. La espera para la próxima no me gusta pero mi paciencia tiene que mejorar. Saludos

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