viernes, 24 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) VI (Final)

JULI: Capítulo 6
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


10.
Otra vez en la estación Caballito. Otra vez en la hora pico. Bencina me había dado instrucciones precisas: “cuando yo te mande un mensaje de texto vos lo llamás al cuerno y le decís que te sentís mal, que necesitás que te pase a buscar por la estación. Y cuando llegue, le decís que ya estás mejor y se toman el tren para volver.”
No crean que me dio más detalles, solo eso, y que confíe en él. Ah, y que sí o sí vaya con minifalda.
Por suerte tengo un montón de minis que no son de puta. Aunque el último año solo me había comprado ropa bien perra (buena parte de la cual se la oculté a mi marido), me quedaba un montón de cuando era una esposa decente. Bueno, lo sigo siendo porque a Mateo no lo hago cornudo. Y nunca lo haré.
Como el día anterior, entré a la estación y me miraron todos. Esta vez había ido vestida con una calza demasiado metida en el culo, la verdad que, para como me vestía yo, era bastante zafada. Ya al salir de casa el portero se sorprendió, no dijo nada pero me cogió con la mirada, y yo haciéndome la tonta, la que iba al gimnasio o algo así. No estaba acostumbrada, me sentía radiografiada por todos los hombres, especialmente por los del barrio que me conocían y que siempre me veían ir y venir de la mano con mi marido. Pero no les voy a mentir, en un punto me calentaba de una manera nueva. En la estación fui al baño público y me cambié. Conservé la remerita corta y sin mangas y cambié la calza por la minifalda exigida. No había espejo en ese baño mugriento, pero sabía que con mis tetas y mi culo estaba para matar. Me paré en el andén, esperando como una tonta; parecía una puta, o una de esas mujeres exuberantes que les encanta vestirse y lucirse para llamar la atención de todo el mundo.
Recibí el mensaje y lo llamé a Mateo. Le hice el acting de que me sentía mal, que estaba yendo para su encuentro y me había bajado la presión. Una mujer sabe mentir, y mi amorcito salió desesperado a mi encuentro, en el acto. Pobre, me dio un poquito de lástima mentirle así por orden de otro hombre, como si fuera un cornudo de verdad.
Lo esperé sentada en uno de los bancos, dejando pasar trenes. Cinco tipos quisieron levantarme en distintos momentos. Es que estaba a puro muslo y la remerita liviana y escotada me hacía unas tetas tremendas (bueno, las tengo tremendas —gracias, naturaleza). El quinto fue un muchacho de unos 30 años, ojos claros, re buen mozo, un bombón de cine. No pude evitar sonreírle y eso lo animó, y tuve que decirle que estaba esperando a mi marido, y él no me creía; y que sí y que no, y en un momento me puse firme y me dijo que sólo  se iba si le daba mi teléfono. Le dije que no, pero que le aceptaba el suyo.
Así que me lo dio y se fue. Y me quedé pensando qué iba a hacer de mi vida. De esa parte de mi vida. Si tipos varoniles y lindos como ése me tenían en cuenta, ¿cuánto podría durar mi fidelidad? En la calle había tipos mucho más potables que los amigos que traía Bencina, claro que no se conformarían con un manoseo y una paja.
Llegó Mateo, y no lo hizo solo.
—Hola, mi amor —me saludó con un beso y algo de preocupación.
—Hola, Puchi —lo saludé. Y miré sorprendida a Bencina, a su lado.
—Me pasó a saludar por la oficina justo cuando llamaste. ¿Estás bien?
Miré alrededor, el buen mozo de ojos claros se subía al tren mirándonos desde el estribo.
—Sí, sí… Me bajó un poquito la presión, pero ya estoy bien, como si nada… Te llamé al pedo y no pude ir a verte.
Mateo se sentó conmigo y me tomó de una mano.
—Es lo de menos, Ju. Me preocupé cuando te escuché por el teléfono.
Ay, cómo amaba a mi Mateo, hermoso y siempre pendiente de mí. Me sentía un poco culpable, con él sentado a mi lado y su amigo —el que cada jueves me manoseaba con impunidad, me comía la concha y se vaciaba la leche en mis tetas— de pie junto a nosotros. Mateo me miró la ropa, desubicada para ese lugar y horario, por lo sexy. Le hice una mueca de falsa disculpa y le susurré, como apenada:
—Era para vos, amor, no sabía que venías con tu amigo.
Me besó en la frente a modo de perdón. Tampoco podía decir mucho, lo conocía y me di cuenta que me comía con los ojos, cosa que me calentó.
—No pasa nada…
Apreté en el puño libre el papelito con el teléfono del de ojos claros, que aún no había escondido.
—Al menos vamos a poder volver a casa juntitos —le sonreí como una nena.
—¿Querés que nos volvamos en taxi, mi amor?
—¿Estás loco? Hasta casa nos va a salir una fortuna, y yo ya me siento re bien, en serio.
Matu volvió a observar mi ropa. Yo ya había interceptado varias veces a Bencina mirándome el escote.
—Es que a esta hora hay mucha gente —dudó mi marido—. Y vos estás demasiado linda.
—No pasa nada, Mateo —lo tranquilizó su amigo—. Entre los dos la cubrimos, nadie la va a poner incómoda.
¿Bencina me querría manosear frente a mi marido? Si uno me protegía por delante y otro por detrás, podría meterme mano con impunidad total. Sería como hacerlo más cornudo que nunca, porque sería casi en su rostro.
—Además hay mucho mito con estos viajes, mi amor, ayer viajé sola y nadie me metió mano —mentí sin una sombra de culpa—. La gente es muy respetuosa.
Se escuchó la alarma intermitente de la barrera, el tren venía. En el andén ya había mucha gente, casi todos hombres que me miraban con deseo y mucho descaro, teniendo en cuenta que estaba acompañada de mi evidente marido. Me puse de pie con la excusa de prepararme para el ascenso. Apenas me paré y me alisé la minifalda me di cuenta que solo lo había hecho por dos razones: para que Bencina me viera bien, para gustarle y que fuera saboreando lo que iba a manosear, y para hacer sufrir un poquito a mi Mateo al ver que mi cuerpito, así vestido y sexy, así mío y de él, iba a entrar a un vagón que reventaba de tipos de toda edad y calaña. Me excité cuando la brisa que provocó la formación al entrar en el andén me levantó la faldita y por una fracción de segundo todos me vieron la tanga enterradísima entre mis nalgas.
Un montón de gente se arremolinó cerca de las puertas. La tensión palpable de mi marido me dio ternura. La expectativa de Bencina, en cambio, me excitó. Parecía un lobo en celo arrinconando a su presa, mirando para todos lados, calculando vaya a saber qué cosa. Mateo se me puso atrás, para protegerme, porque ya abrían la puerta y comenzaban los empujones. Bencina se mantenía bien pegado a nosotros. La puerta se abrió y de pronto se desencadenó una escena similar a la del día anterior.
Pero con un cambio.
Salidos de no sé dónde, de pronto al lado nuestro estaban Tutuca y el negro Yoto, los dos sátrapas que me había traído aquella tarde Bencina —y muchas otras tardes— y que me manoseaban, los pajeaba y me enlechaban las tetas cuanto querían.
El tumulto se hizo fuerte. La gente empujaba, casi todos hombres, y en dos segundos ya estábamos adentro, en un vagón repleto de tipos que me miraron el escote, las tetas, la cara de puta, como si yo fuera un postre. La violencia cordial con la que entramos no se privó de manoseos furtivos. No sé quién ni cuántos, pero mientras íbamos ingresando sentí varias manos metiéndose bajo mi minifalda, algunas buscando quedarse, otras más cobardes, tocando y huyendo, todas en mi colita apenas entangada y también, aunque mucho menos, algunas manos temerarias me magrearon los pechos. Busqué a Mateo con la vista, que quedó adelante mío pero con un desconocido en el medio. Miré al desconocido: era Tutuca, que quedó de frente a mí y me miró con una sonrisa perversa. Bencina estaba a mi lado, y también al lado de Tutuca. No veía al negro Yoto, pero por el manoseo descarado y completo que ya en ese momento recibía en mi trasero (y no los inicios tímidos del día anterior), apostaba a que era el tipo que tenía atrás.
—Mi amor —dijo mi cornudito hermoso, más que para saludarme, fue para decirle al “desconocido” que estaba en medio de una pareja y que podría correrse o darle el lugar.
Tutuca difícilmente habría podido cambiar de sitio aún si hubiese querido hacerlo, de tan apretados que íbamos. Miré por sobre su hombro a mi Mateo y pasé un brazo por el costado. Junté mis manos con la de mi marido y las entrelazamos como enamorados. Tutuca, en el medio, metió una mano por debajo del ruedo de la pollera y me cuchareó la concha, por sobre la tanga. Así de simple y directo como lo leen.
El tren arrancó.
Es imposible explicar lo que sentí en esos primeros instantes. Si con los jueguitos histéricos en casa de Bencina ya me morboseaba y me excitaba, tener ahí al lado al cornudo —perdón, a Mateo— multiplicó todo por mil.
La mano de Tutuca en mi entrepierna, aun con la tanguita puesta, me excitó como una penetración. El corazón se me aceleró, la piel se me puso de gallina y los pezones se puntearon en el acto. Tenía los dedos de Mateo entre los míos, y los de un sórdido hijo de puta entre mis piernas. Cuando el tren arrancó, el movimiento me tiró para atrás. Las manos del negro Yoto me tomaron las nalgas. Así como lo digo: una mano en cada nalga, una todavía sobre la falda, la otra, que había podido colar por debajo, sobre la piel, a medio culo y a media pierna. Menos mal que estábamos tan apretados que no se veía nada, porque tenía la pollerita prácticamente toda subida hasta la cintura. La mano sobre la tela se corrió, me sobó la nalga completa y me estremecí. Sentí la mano recorrerme, luego no la sentí más. Estaría buscándome por debajo de la minifalda. Adelante, Tutuca dejó de fregarme la conchita por sobre la bombacha y llevó su mano izquierda hacia mis pechos, sabiendo que su propio cuerpo tapaba la vista del cuerno, que seguía a sus espaldas. Estábamos tan juntos que podía besar a Tutuca con un vaivén apenas más fuerte. No lo iba a hacer, obvio, yo no iba a besar a nadie. Además, Tutuca era muy feo. No como el chico que me dio su teléfono.
El manoseo descarado no me dejó soñar más. Tutuca se engolosinó con mis tetas como si estuviéramos en un cine. Se llenó la mano con mi seno derecho y lo estrujó y masajeó con una impunidad que hizo que mirara a mi Mateo por sobre su hombro. Es que él mismo ocultaba la vejación con su propio torso. Me pregunté si estaba bien dejar parado a mi marido como un completo cornudo delante de todo el pasaje.
No llegué a responderme. Atrás mío, el negro apartó mi tanguita a un lado e hizo unos movimientos, amparados en el vaivén del vagón. Sentí una cosa abajo empujándome suavemente, una punta roma y gomosa, como un bastón de policía. La cosa estaba tibia y me chocó una nalga y enseguida se metió en el canal que divide los dos cachetones. ¡Era una pija! ¡Era el pijón del negro Yoto, carajo!
Mi primera reacción fue moverme hacia adelante para impedirlo. Casi ni me moví, no se podía. No quería la pija del negro ahí, no en un tren, no con mi marido al lado. No me malentiendan, no era una cuestión moral a esa altura, pero de verdad no quería hacer cornudo al cornudo, no sin haberlo consentido, ¡no con ese negro feo!
Tan manifiesta habrá sido mi expresión de disgusto que Mateo me vio a los ojos y me preguntó:
—¿Estás bien, mi amor?
Se le notaba preocupado por algún posible toqueteo, sin dudas, y me gustó ese gesto dulce. Pero qué iba a decirle, ¿que me estaban queriendo puertear? Le hice señas de que sí, mientras sentía la verga de Yoto procurando encontrar mi agujerito. La pija se había metido en la raya, a la altura del culito. Para una penetración rápida debía bajar un poco y el apretujamiento y las posturas no ayudaban. Sentí al negro bajar los dedos hasta mi conchita y ahí volver a correrme la tanga. Quedé vulnerable por completo y la punta de la verga del negro comenzó el descenso por la raya. En mi vida me sentí más nerviosa. Tenía la sensación de que todo el pasaje nos estaba viendo, lo que era imposible, ya lo sé, y que mi marido se iba a dar cuenta y me dejaría, sin más.
Mi única opción era terminar con eso lo antes posible. Me incliné hacia adelante como para hablar con mi marido y saqué culo, con lo que le facilité la faena al negro. La verga bajó de golpe y enseguida encontró pista. Como venía empujando con fuerza fue solo cuestión de hallar el hueco, y la verga se acomodó y horadó fácil.
—Mi amor, mejor nos bajamos en la próximaaaahhhh…
La tremenda verga del negro, que mis manos y tetas ya conocían tan bien, perforó mi inocencia y se enterró fuerte y profundo.
—Juli, ¿te sentís bien?
Me quería bajar del tren, no podía estar haciéndole eso a mi marido. Aunque se sentía tan rico… la verga del negro era varias veces más grande que la de Mateo, y hacía tantos años que no probaba algo de verdad grande…
—Estás colorada… Te habrá subido la presión otra vez.
No podía decirle que estaba colorada por la vergüenza de hacerlo tan cornudo delante de cien personas. La verga del negro se enterró más. Hijo de puta, con cada movimiento del vaivén mandaba un tramo de pija más adentro.
—Debo estar empachada… —dije.
—¿Empachada?
Yoto me tomó la cintura con una mano y con la otra una nalga. Y empujó. Esta vez sí me la enterró hasta los huevos.
—¡¡Aaahhhhhhhhh…!!!
—¡Mi amor
—Te dije que me sentía mal, Puchi…
Yoto retiró buena parte de la verga, podía sentir su carne recorrerme el interior, cada uno de los veintipico de centímetros que tenía... luego volvió a enterrar. Bencina —hijo de puta— habló por primera vez.
—¿Te sentís como llena? ¿Tenés esa sensación de estar llena aunque no hayas comido?
Miré al amigo del cornudo, perdón, de mi marido, con furia asesina.
Yoto comenzó a bombearme suave y lentamente por lo apretados que estábamos. La escena era irreal. Me estaba cogiendo de parada y nadie en todo el vagón se daba cuenta. Imagino que tal vez solo el que estuviera a su lado. El bombeo acompañaba el movimiento del tren, que ahora que tomaba velocidad, se aceleraba.
—Todo el tiempo no sé —y busqué a mi marido en sus ojos—. Pero me siento llena ahora mismo.
—¿Ahora…? —el maldito Bencina.
—Sí, ahora mis… mo… uhhhhh…
—Está bien, amor —mi Mateo—, en Liniers bajamos.
En el medio había dos estaciones más, pero esa formación se las salteaba y recién levantaba gente justo antes de entrar a provincia.
El negro me siguió dando bomba. Hijo de puta, sabía que yo nunca le hubiera dado mi consentimiento. Tutuca, adelante, me seguía metiendo mano izquierda en mis pechos, para que Mateo no lo viera. La había metido por debajo de la remera y el corpiño, y se solazaba con mi pezón gordo y gomoso. Toda la situación era bizarra por demás, y el cornudo de Mateo —bueno, hay que decirlo, ¡estaba haciendo el papel de cornudo!— no veía nada. No lo culpen, la densidad de gente era tal que ustedes tampoco se hubiesen dado cuenta. Permanecimos todos callados unos minutos, con el negro agarrado de mi cintura y bombeándome verga con disimulo. En un momento se me acercó al oído y me murmuró, hecho un animal herido de muerte.
—Te vuelco la leche adentro, pedazo de putaaahhh…
Me dio asco y a la vez me calentó. Tenía tomado al cornudo de la mano, los dedos entrelazados como dos enamorados, cuando el negro comenzó a volcarme toda su leche adentro. Le sentí el orgasmo llegar. Me clavó los dedos en las nalgas, le escuché el jadeo por encima del traqueteo del tren, y el acelere bestial del bombeo. Finalmente sentí la verga más dura que nunca y el latigazo de un líquido tibio y espeso directo a mi interior. Le apreté la mano a Mateo, que me miró sorprendido.
—Ya llega… —me dijo refiriéndose al tren.
Bencina, al lado, sonreía como un villano, Tutuca me retorcía el pezón y el negro se seguía vaciando adentro mío como si yo fuera su puta.
—Sí, está llegando… está llegando ahora mismo… Ohhhh…
—No, todavía falta –dijo el cornudo—.
Y Yoto, en mi oído:
—Sí, todavía falta un poquito… —y continuó bombeándome y surtiéndome leche, dos o tres chorros más, hasta saciarse, hasta dejarme adentro las últimas gotitas.
No voy a mentir. A pesar del abuso, a pesar del asco, estaba más caliente que nunca. Me hubiera dado vuelta para que me garchara Tutuca, si no fuera que mi marido podría sospechar. El negro esperó unos segundos y retiró el vergón con reluctancia, como si no quisiera sacarla nunca. Sentí vaciarme, sentí la tanguita meterse desprolijamente entre mis pliegues. Sentí la leche escurrirse y recorrer el lado interno de mis mulsos como una hilera de hormigas.
Ya llegando a Liniers pude darme vuelta como para bajar y ofrecerle el culo a Tutuca, que me lo magreó y abusó como si fuera un preso, metiéndome primero un dedo en la concha enlechada y luego entrando en el ano y dejándolo ahí, cogiéndome el culito con el dedo medio. Con Mateo detrás suyo. Desde que me di vuelta hasta que la gente comenzó a moverse para buscar posición de salida más o menos pasó un minuto, tiempo en que Tutuca me estuvo bombeando el culito, sacando y enterrando por completo su dedo medio. Me quedó Yoto de frente, que sonreía. Le agarré la verga como si estuviéramos solos, con tanta impunidad que volví a calentarme más, especialmente porque el cornudo seguía sin moverse detrás de Tutuca, que seguía serruchándome el agujerito con el dedo.
Nos bajamos en Liniers, entre una marea de hombres que aprovecharon para manosearme, en las narices del cuerno.
Cuerno que nunca se enteró de nada.



                                          * * *



Juli (y el cornudo de tetas) — Epílogo

11.
Mi historia ya terminó, es la que conté. Solo quiero agregar, porque es justo que lo sepan, que desde esa tarde ya nada fue lo mismo.
En cuanto a los viajes en tren que siguieron, y que fueron muchos, creo que podría escribir un pequeño libro. Bencina volvió a llevarme, sola, sin mi marido. Lo hacía una o dos veces al mes, y siempre era parecido: terminaba magreada por un número indeterminado de desconocidos, que se atrevían en mayor o menor medida dependiendo de mi ropa y sus actitudes. Cuando llevaba minifaldas bien cortitas la cosa podía ponerse pesada, brusca. Mi pasividad ante el manoseo los envalentonaba y si los que me metían mano eran más de tres, el asunto se ponía violento —se peleaban— y temía terminar lastimada. Las calzas enterradas permitían manoseos agradables pero superficiales. Terminamos dándonos cuenta que lo mejor era ir con un shortcito breve, de algodón o alguna tela delgada. Así, el manoseo era vil y lascivo, excitante como si estuviera en ropa interior, pero resguardándome de cualquier salvajada.
En paralelo, Yoto y Tutuca pasaron a cogerme todos los jueves en casa de Bencina. De arranque me hice la ofendida, despotricando contra el abuso no consentido al que me sometiera el negro en el tren. Pero no los engañaba, estaba allí, sola y con ellos, en ese departamento, en minifalda, botitas y una remera ajustada que me destacaba las tetas como dos trofeos. Terminé cogida minutos después, con Bencina dirigiendo la función. Tutuca me bombeaba por la concha, Yoto me hacía chuparle la pija, y Bencina filmaba; y luego de un rato intercambiaban posiciones.
No quería coger con más tipos. Ya tres era suficiente cornamenta para el pobre Mateo, que no se lo merecía, pero Bencina cada dos por tres traía tipos nuevos y aunque yo siempre me negaba, los nuevos también terminaban usándome y llenándome de leche. En un momento Bencina me propuso traer a Adrián y Wate, los amigos de Mateo que inicialmente me manoseaban las tetas a sus espaldas; pero le dije que no y me puse firme de verdad: no me interesaba que los amigos de mi marido lo consideraran el cornudo del grupo. Mateo no lo es (si nadie lo sabe, no lo es).
Desgraciadamente dos años después, por otras razones y bajo otras circunstancias, terminé cogiendo también con esos dos, primero con Wate y luego con Adrián. Y luego con algunos otros amigos de mi marido. Pero a cada uno por su lado, sin que uno supiera del otro. Y les hice prometer que si querían seguir cogiéndome, que más vale no se lo comentaran a ninguno de los otros. Hasta hoy nadie sabe que me cojo a cinco, además de a Bencina y los tipos que me trae cada jueves. Todos creen que lo hago solo con cada uno de ellos. Lo prefiero así porque siento que de esa manera lo hago menos cornudo a mi Mateo. Porque es un amor de marido y seguramente será un amor de padre, y no se lo merece.
Mucho menos se lo merece ahora que está tan contento con mi embarazo. Aunque él no sepa que es de Bencina.


Fin de la Miniserie – PRONTO el ANEXO y/o el ANECDOTARIO



** SE PUEDE COMENTAR. NO LE COBRAMOS NADA. =)

Si te cuesta o no quieres comentar en el blog, puedes hacerlo más fácil en el link siguiente:

36 comentarios:

  1. Guau! Se desato! Juli se convirtió en un puton barbaro... Y nos gusta!
    Gracias RBY por tanta magia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. como corresponde a una buena esposa,jajaj!!!

      Eliminar
  2. Al fin se le cogieron ya era hora el puton lo estaba deseandoen en la casa la cogida en mas abundante y hace crecer mas los cuenos al marido felictaciones y que venga otra histotia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. pobre Juli, no era su intención ser tan puta... xD

      Eliminar
  3. El primero por fin jeje

    La verdad no queria que acabara, desde mi punto de vista tiene mucha tela para cortar, pero definitivamente ya esta entre mis favoritas.
    Gran final

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. a veces me pasa lo que vos expresás ahora: que la historia podría continuar muchísimo más, casi indefinidamente. eso a veces me tienta como para elegir a una pareja y a partir de ahora escribir todas las historias sobre ellos. pero ese ejercicio no me permite escribir con otros registros y entornos, y ahí me quedo.
      otras veces tb estoy tentado de abrir un blog nuevo, más simple, y escribir uno o más diarios de distintas parejas o personajes. no relatos (no serían textos largos ni pornos), sino mini crónicas pequeñas y simples -y realistas- de algunos personajes.

      Eliminar
  4. ¡Por fin! ¡Por fin! ¡Por fin! Por fin se la cogieron todita a la Juli. Semanas esperando por esto y... ¡por fin! Creo que esa anhelada penetración la disfuté casi tanto como el negrazo que la hizo jajaja. No, es que ya era mucho esperar por que le dieran todo a la Juli, tan modosita, tan dulce, tan puta... no era justo que la dejaran así nomás, magreadita pero sin su inyección intrapiernosa jajaja. Y eso de que luego escurría por la parte interna de los muslos, ¡ufffff!

    No me gusta que haya finalizado la miniserie, porque se enamora uno de la chica, y es como no volverla a ver. Pero el final estuvo de campeonato. ¡Y con ese remate del dedo de Tutuca lubricado con el jugo del semental y oradando la más privada intimidad de la chica... no, bueno!

    Uno de tus más emocionantes relatos, amigo Rebelde. Quizá sólo comparable con "Dedo al camión". Ese suspenso que le diste... "¿se la cogerán al final?"... fue intenso y con final feliz, afortunadamente (no, me dejas a la Juli sin su premio y me provocas depresión por diez días jajaja).

    Magnífico relato, lo disfruté tremendamente. ¡Muchas gracias!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jaja me alegra mucho que te haya gustado tanto, amigo slemx!
      te cuento una interna: originalmente a juli no se la iban a coger. la idea original era la de una miniserie de tres capítulos donde solo le iban a manosear las tetas. el chiste era un magreo furtivo y realista, como una variante real o realista de cuernos (conocerás más de un caso en que alguna mujer no se animó a traicionar a su pareja, pero permitió avances primerizos, aunque quizá este tipo de conductas tengan más que ver con décadas pasadas que con la actualidad). pero como dije muchas veces, el relato y los personajes mandan, y fui sintiendo la necesidad de que primero se encontraran a solas en el departamento de uno, para subir el manoseo, y llegado ese punto, me pareció natural llevar el manoseo a las ligas mayores, es decir, el transporte público.
      aún así, no se la iban a coger.
      lo de coger surgió solo, mientras escribía el final del penúltimo capítulo =D

      Eliminar
    2. Bendigo a las musas que te orillaron a cambiar el final originalmente pensado. Es cierto que el puro magreo es más realista y que eso, por sí mismo, tiene mucho de erótico. Pero no sé, llegar a "home" siempre es más rico que haberse quedado en las bases, aunque haya sido la tercera (jajaja no sé si en una tierra tan futbolera se haya entendido esta analogía beisbolera :D ).

      Gracias por compartirnos tu genio, amigo Rebelde. ¡Un abrazo!

      Eliminar
  5. Gracias por tanto!!!!
    Faltan las pendejas abusadas por los viejos y sos el Dios del Olimpo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. lo de las pendejas es algo que quiero hacer pero todavía no arranco porque tengo que cerrar otras historias antes. espero este año poder arrancar

      Eliminar
  6. Mañana tomo el Sarmiento, a ver si la encuentro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jajajja yo creo que hay más de una juli en ese tren xD

      Eliminar
  7. NO le cambiaria nada a la historia, creo que es la primera vez, que nos pasa?
    La disfrutamos de inicio a fin.
    Creo que influyo mucho el formato "semanal" a que nosotros fuéramos "fermentando" a los personajes.
    Nosotros nunca habíamos leído una serie de Rebelde mientras la estaba escribiendo y la disfrutamos mucho.
    GRACIAS!
    Por compartirla.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. gracias, fede!! en realidad la historia fue escrita en la primera mitad del año pasado o antes. pasa que recién ahora pude pasarla a word. lo bueno es que todavía quedan un anexo y algunas anécdotas de esta historia. lo malo es que todavía ni siquiera las pude escanear jajaj (escribo a mano y luego tipeo)

      Eliminar
    2. Jaja, Rebelde eres mas anticuado que yo, a mi siempre me regañan por eso, pero ahora ta escribo mas a computadora, pero solo con 2 dedos.
      Saludos.
      Y sin querer faltarte el respeto que te tengo modernízate.
      Tu tienes ese potencial, eres INTELIGENTE!

      Eliminar
    3. jajaja no, pero si no es por anticuado, fede. =D
      por ejemplo, los relatos de CuerniX y de CRMI fueron escritos todos directamente en PC.
      sucede que no escribo en casa, sino en bares, y no siempre tienen enchufes donde me siento. además, me da mucho placer escribir en un cuaderno, pues uso uno de un papel muy delicado, y además escribo con grafito, lo que hace la experiencia de escribir muy sensorial, por decirlo de una manera.
      también me ayuda a pensar las frases, las escenas y otras cosas de una manera más detenida.

      Eliminar
    4. Ok.
      Tu escribe como quieras, pero...?
      NO dejes de escribir.
      Saludos desde el frio Norte de México.

      Eliminar
  8. licurgo el espartano1 de marzo de 2017, 19:22

    Como siempre: ¡gracias por hacerlas tan putas! De los capítulos anteriores (donde pajea a los amigos del marido y les hace dedicar la acabada), hasta éste último donde termina confesando que se la coge más de un macho.

    Saludos rebeldes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. gracias, licurgo! la dedicatoria al cornudo es una marca registrada de la casa, jaja. es una declaración de amor de la esposa hacia su marido. ¿o no lo ven así? ^_^

      Eliminar
  9. Gran final!! Finalmente se desata y llegaba tener varios con quien lo hace cornudo como debe ser!! Gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. exacto, como debe ser. el mundo sería más hermoso con más mujeres bien bien putas y con maridos y novias bien bien cornudos =D

      Eliminar
  10. muy bueno, recientemente descubri tu blog y la verdad que cada historia es genial

    ResponderEliminar
  11. estuve toda la noche leyendo tu blog y por internet me encontre con otras publicaciones que parecen ser partes de una saga "Diario de entrenamiento" , "Mi novia es una atorranta", son realmente tuyas?, hay alguna forma de leerlas completamente.

    PD: Te vuelvo a felicitar por tus relatos, son exelentes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si son de Rebelde, el las escribió, yo soy lector también.

      Eliminar
    2. hola, ariel, muchas gracias por los elogios y bienvenido al blog!
      efectivamente DÍA DE ENTRENAMIENTO y MI NOVIA ES UNA ATORRANTA (re bautizado como ANDREA Y CORNELIO) son textos míos, y están momentáneamente "borrados" del blog, junto a otras series y unitarios, a la espera de qué voy a hacer con este sitio, si monetizarlo o "abandonarlo" por un buen tiempo.
      Esto debería haberlo definido en febrero, pero ha pasado febrero y sigo sin resolver algunos problemas de la vida real de los que deriva la decisión.
      Mientras tanto estoy subiendo textos ya escritos y que me resulten cortos de tipear.

      Eliminar
    3. Qué cruel! jejeje. Has borrado los mejores, que, para mí, eran esos y la serie de "leche de engorde". A ver si puedes resolver pronto el tema para que podamos volver a leerlos, que los echamos de menos.

      Eliminar
    4. jajaj, no, no saqué los mejores. fijate que siguen ahí BOMBEANDO, DEDO AL CAMIÓN I, II y III y JUNIOR, que son de las más populares (las primeras dos, "clásicos" del blog. Lo que borré lo borré por una cuestión de línea editorial, y particularmente DÍA DE ENTRENAMIENTO porque hay una menor dando vueltas en el relato y no quiero que me jodan con eso.
      Los relatos que vuelvan, volverán corregidos seguramente.
      muchas gracias por escribir

      Eliminar
  12. buen relato de como poco a poco se va emputeciendo la mujer, y se va dejando llevar por sus instintos

    ResponderEliminar
  13. impecable, como siempre. me gusto mucho, pero lo q mas me gusto de la serie, fue q hayas vuelto.
    hay alguna forma de acceder a los relatos q han sido eliminados de aqui? muchos de ellos eran genialidades y es una lastima no poder volver a leerlos.
    un gran abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. desgraciadamente la vuelta es intermitente, y promete seguir así. ahora estoy tipeando algunos textos, los iré subiendo aunque sea de a poco.
      ojalá te gusten como los otros

      Eliminar
  14. Que relato tan cachondo
    Att trendemedianoche69@gmail.com

    ResponderEliminar

Se publica el 16/06/2017

Se publica el 16/06/2017
CLICK PARA AGRANDAR