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sábado, 24 de enero de 2026

Cartas Marcadas (I) • Rancheros 08. (Sofía 4)


CARTAS MARCADAS (I)  • RANCHEROS (Sofía 4)
(VERSIÓN 1.0-CRUDO)

Por Rebelde Buey

Estas y otras cartas privadas pertenecen a la Biblioteca y Centro Cultural de Alce Viejo. Correspondencias como ésta, así como oficios legales, testamentos y todo tipo de registros privados son hallados regularmente en casas antiguas o demoliciones, ocultos en baúles y cajones con dobles fondo, y donados por la gente a esta institución pública para gestionarlos como registro universal de las costumbres, idiosincrasia y don de gente del pueblo. 
Este blog tiene el honor y el privilegio de haber sido elegido para publicar por vez primera algunos de estos imprescindibles documentos que son testimonio de la historia viva y real no solo de Alce Viejo, sino del mundo.

LEÉ LAS CARTAS ANTERIORES EN ORDEN:
01. Carta 1         
02. Carta 2
03. Carta 3 
04. Carta 4
05. Carta 5



08. Sofía a Coriolano — Respuesta 4

Alce Viejo
29 de mayo de 1930

Mi único y amado Coriolano:

Tu carta ha sido un bálsamo para mi acongojada conciencia, aunque cada palabra de perdón tuya incrementa el peso de mi culpa. Sin dudas eres demasiado bueno para una esposa de naturaleza tan débil como la tuya. Lloro al leer tu indulgencia, pues no la merezco, pero la atesoro como el bien más preciado en esta soledad.

Quiero que sepas que no dejo de estar sorprendida y orgullosa de tu inteligencia y perspicacia. Ahora que te leo, sin dudas la mejor solución era sacar la cama de debajo de la gotera y ponerla en el living, en vez de que cada uno de los vecinos terminara durmiendo conmigo en nuestro lecho nupcial. ¡Qué tontos hemos sido todos acá! A ninguno se nos ocurrió esa solución. Eres el más agudo de toda la comarca, me lo decía anoche don Turbio, mientras se me pegó desde atrás intentando dormir, apoyándome sin querer su dureza entre mi cola y mis muslos. “Qué sapiencia la de su esposo, señora Sofía”, y me tomaba uno de los pechos y con la otra mano trataba de abrir los cachetes de mis nalgas para apoyar más profundo. No en un sentido sexual, Coriolano, no pienses mal, sino en un sentido de admiración hacia vos.

Desde ya no creas ni por un segundo que ellos tienen intimidad conmigo, amor. Soy una mujer casada.
Solo Torniquete la tiene, y nada más cuando le toca la vigilia nocturna (aunque él quisiera todos los días, pero le dije que qué se cree, que soy una esposa decente y que te respeto como el primer día —se lo dije mientras sentía el tintineo de sus testículos contra mi fundillo, mientras me daba bomba fuerte). Puesto que ya he roto el voto con él, volver a hacerlo con el mismo hombre no te hará más cornudo, ¿verdad? No es como si te fueran a salir astas nuevas cada vez que él se vuelca dentro mío. Creo que eso dice la Biblia. El daño ya está hecho —vivo arrepentida—, y lo hago por no ser descortés con un vecino que nos ayuda tanto. He permitido que con él la situación se regularice. Suele ponerme en cuatro patas sobre la cama, tomarme de la cintura y bombear como un poseso por una hora. Claro que no solo en esa posición, también me ensarta en el aire y me clava hacia arriba. No sé cómo lo hace. Como ves, lo voy manejando y convierto este infamante episodio en un mal controlado.
Y fíjate qué ironía, yo he roto los votos contigo y él quiere romperme otra cosa. Desde hace unos días está muy insistente para entrarme por detrás, si entiendes a lo que me refiero. Yo no tenía problemas por lo que te dije antes: si ya he sido débil con él, no cambia nada. Pues resulta que por atrás es distinto, duele mucho, así que me negué después del primer intento. Pero Torniquete es paciente. Se ensaliva mucho la cabeza del miembro y se toma minutos interminables. Dice que, al tenerme ahora toda la noche para él, tiene tiempo, y que al final lo disfrutaré. Que una cola como la mía merece ser profanada, especialmente si el marido no lo hace. Yo le conté que tú nunca lo intentaste porque no sabías cómo, y me respondió que entonces mejor que él me la fuera haciendo, porque de esa manera él hacía el trabajo sucio por ti, y tú solo vas a disfrutar de los beneficios sin padecer la tarea. Ese sacrificio suyo me conmovió y me indujo a dejarlo hacerme lo que quiera. Y por ahora te estoy cumpliendo, mi amor, ya me entierra un tercio de verga, que es más que la tuya entera, así que a tu regreso podremos ampliar el horizonte de nuestra intimidad. Desgraciadamente esto hace que Torniquete acabe adentro mío dos veces cada noche, porque no hay manera de que se aguante cuando me “rompe el culo” (palabras de él; a veces es un poco ordinario). Y después, a mitad de la noche, me despierta y me coge durante una o dos horas más, siempre acordándose de vos: “Te voy a dejar toda estirada para el cornudo”. Yo también me acuerdo de vos cuando me bombea, especialmente cuando me vuelca toda la leche adentro. “Perdóname, Coriolano mío, no te merezco”, e inmediatamente cierro las piernas para que no se me escape ni una gota del hombre que me poseyó. Para no manchar la sábana.

Con los otros cuatro, sin embargo, he luchado como una leona en defensa de tu honor. Por supuesto han intentado ir más allá, aprovechando que compartimos espacio bajo las mismas sábanas. ¡Pero no he cedido! Pensando en ti y en nuestro matrimonio, los he mantenido a raya. ¡Soy una mujer fiel, ya lo sabes! Sin embargo, Coriolano, no puedo evitar los roces casuales; con tan poca ropa en la cama, los toqueteos accidentales son inevitables. Se pegan a mi espalda bajo las sábanas, me apoyan su dureza entre las nalgas, o dormidos me agarran los pechos y me pellizcan los pezones hasta ponérmelos como caucho en invierno. 
Ten en cuenta que estos hombres son más chapados a la antigua y duermen desnudos, y el cuerpo desnudo pide proximidad. Los manoseos y apoyos son de todos los días (bueno, noches), pero prácticamente inconscientes; lo hacen casi dormidos. Yo a veces los retiro con educación y firmeza, la firmeza de una esposa decente, pero también la firmeza de sus miembros, porque para retirarlos debo tomarles los vergones y quitármelos de entre las piernas o las nalgas. Pero a veces sucede, normalmente dos veces por noche, que sin querer y ya dormidos (supongo que teniendo pesadillas), ellos terminan apoyando la punta de sus miembros en la cuevita que es solo tuya. Como yo a esas horas ya estoy en brazos de Morfeo, no me entero, pero ellos me han dicho con mucha culpa y vergüenza que dos veces por noche, cada uno de ellos me puertea mientras yo sueño. 
Yo no sabía qué era eso de “puertear”. Me explicaron que con el miembro completamente duro me meten solo la cabeza, nada más —nótese la consideración para que yo no me despierte— y me bombean suavecito y sin ir más profundo, tratando de aguantar porque les sabe bien rico, y después de bombearme así un buen rato terminan volcándome la leche en la puerta, pero del lado de adentro. 
Yo no me doy cuenta de nada porque estoy dormida, soñando contigo. Tampoco sé si es cierto, me suena a que me están jugando una broma para que les haga escándalo y dejarme en ridículo. Para evitar eso, no les dije nada y entonces lo siguen haciendo todas las noches.

Pero debe ser mentira porque los cuatro rancheros llevaban días algo extraños conmigo. Yo pensé, en el peor de los casos, que la intimidad debía limitarse a esos mínimos desahogos portuarios en medio de la noche, mientras yo paraba la co dormía. Pero según ellos, “eso cuenta como nada”. Esa era mi forma de guardar recato mientras te esperaba y que siguieran apareciendo para espantar a los cuatreros. Pero ellos empezaron a decir que era injusto que yo me dejara solamente con Torniquete, cuando los cinco me protegían por igual. Que un hombre tan justo y ecuánime como tú no vería bien esa desigualdad.
Yo traté de contradecirlos, Coriolano, ¡Dios sabe que traté! Pero se pusieron tensos, dolidos incluso, y temí que dejaran de pasar las noches conmigo. Con los cuatreros rondando y yo sola… ¿qué iba a hacer? Les expliqué que esperaba tu instrucción, que prefería aguardar tu palabra, pero ellos argumentaron que la seguridad de una mujer no debía depender del correo. Y aunque me avergüenza admitirlo, también me dijeron que, ya que vos siempre fuiste tan recto, seguramente bendecirías una repartición más pareja de responsabilidades… y de agradecimientos extraconyugales.
Así que, amor mío, me mandaron pedirte algo que me cuesta formular: ¿me darías permiso para dejarme horadar también por esos cuatro vecinos? ¿Me autorizas a dejarme cabalgar por los que aún no me han tomado, como sí lo hace Torniquete? Sería por mi propia seguridad y para que ellos no piensen que eres ruin.

En cuanto a Motongo, siéntete tranquilo: los arreglos avanzan, aunque lentamente. El hombre es meticuloso, pero tiene una petición peculiar. Antes de clavar un clavo o ajustar una tabla, siempre exige que lo desinflame para trabajar. Si no lo hago, simplemente no inicia las reparaciones. Es un hombre de convicciones firmes. Te manda saludos cada vez que yo lo atiendo y él me sostiene la cabeza con sus manos grandes. Siempre dice más o menos lo mismo: "Este lechazo es para el cornudo de tu marido". No lo dice con un tono afable en la voz, eso me desconcierta un poco. Quizá sea porque vive con esa inflamación ahí y ha de dolerle todo el santo día.


No me juzgues con demasiada severidad, mi vida. Estoy haciendo lo mejor que puedo en un mundo desquiciado a punto de implosionar ante mí. No sabes cómo es eso, Coriolano. Yo soy la que está todos los días acá rompiéndome el alma con estos hombres. Y no estoy fuera de lugar. Tú estás fuera de lugar. ¡Todo el maldito sistema está fuera de lugar! ¿Quieres la verdad? ¿¡Quieres la verdad!? ¡Tu no puedes manejar la verdad! Porque cuando se levanta la mano para arreglar la gotera o vigilar los ruidos de la noche, una no sabe qué hacer. Olvídalo, Coriolano, ¡esto es Alce Viejo!

Te espera tu siempre devota
Sofía

PD: Decime, amor mío: ¿falta mucho para que llegues a tu destino? Es que quiero saber cuánto más deberé arreglármelas sola con estos hombres.




(La respuesta de Coriolano, el miércoles 28)



NOTA: Al final de la seguidilla de cartas publicadas, todo se compilará como un solo relato (o dos, depende de la extensión) y copiaré los comentarios de los que quieran participar.

CARTAS MARCADAS será una serie de historias y personajes distintos cada vez, pero compartiendo un mismo formato y estilo. Hoy es el turno de Sofía y Coriolano. Posiblemente la serie de cartas que le siga a ésta será entre Julieta y Octavio, de EL FARO, el spin-off de LA ISLA DEL CUERNO. Y hay un par más de historias en el baúl.

 — Versión 1.0 (00/00/26)
(c) Rebelde Buey

1 COMENTAR ACÁ:

Anónimo dijo...

La referencia a los simpson xd

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