Por Rebelde Buey
Estas y otras cartas privadas pertenecen a la Biblioteca y Centro Cultural de Alce Viejo. Correspondencias como ésta, así como oficios legales, testamentos y todo tipo de registros privados son hallados regularmente en casas antiguas o demoliciones, ocultos en baúles y cajones con dobles fondo, y donados por la gente a esta institución pública para gestionarlos como registro universal de las costumbres, idiosincrasia y don de gente del pueblo.
Este blog tiene el honor y el privilegio de haber sido elegido para publicar por vez primera algunos de estos imprescindibles documentos que son testimonio de la historia viva y real no solo de Alce Viejo, sino del mundo.
01. Coriolano a Sofía — Carta 1
Camino del Arroyo,
15 de marzo de 1930
Mi adorada y bellísima Sofía, dueña de mi corazón:
Estas primeras líneas que trazo con mano temblorosa por el cansancio del camino, pero sobre todo por el peso de tu ausencia, van dirigidas a ti con todo el amor que este corazón sencillo es capaz de albergar. El primer alto en nuestro largo viaje me da un respiro para pensar en ti, y debo confesarte, querida mía, que la nostalgia ya se ha apoderado de mi alma por completo. Cuánto echo de menos tu risa, tu belleza, tu mirada, incluso tu blondo cabello y por supuesto esa paz que solo tú sabes brindarme. En estos momentos de soledad, me aferro a la certeza de nuestro compromiso con Dios y nuestros votos matrimoniales, que son el faro que guía nuestra existencia y la prueba más pura del amor que nos profesamos.
Qué desafío a nosotros mismos será esta ausencia, ¿verdad, esposa mía? Separados por necesidad material, pero unidos por la pureza de nuestra sagrada alianza.
He de mover este ganado a pie hasta la ciudad, y el viaje toma lo que toma, pero con un poco de suerte y el clima a nuestro favor, serán apenas cinco meses, y luego solo una quincena de regreso. Eso hace que el camino se presente duro, aunque más por la nostalgia que por el polvo. Los animales están nerviosos —parece que hasta ellos echan en falta tu mano suave—, y los hombres que me acompañan no hacen sino hablar de los rumores de cuatreros por la zona y gente extraña merodeando los caminos. Todo el mundo anda con el dedo en el gatillo.
Y ahora lo entiendo: un rancho con mujer sola es tentación para cualquier malviviente. Por eso, aunque tú me decías que lo haga y yo me negué, antes de partir entré en razón y hablé con cinco de nuestros vecinos rancheros —el viejo cascarrabias Don Rapiña, el joven y fuerte Torniquete, el Boa con sus años a cuestas, el colorado Longagruesa y Don Turbio, siempre misterioso— y todos, como buenos cristianos y amigos, accedieron de inmediato a turnarse para pasar por nuestra propiedad. Y aceptaron sin que yo tuviera que insistir demasiado. ¡Qué nobleza la suya! El Boa vino a despedirme con un apretón que me dejó la mano dormida, y dijo que no dejaría pasar ni una oportunidad sin darse una vuelta para verte y cerciorarse de que todo vaya bien por allí.
Me deja tranquilo saber que, aunque yo no esté, habrá una presencia masculina que se vea de afuera y disuada a cualquier cuatrero furtivo y malintencionado. Lo que arreglé es que ellos se turnarán uno cada día para pasar por nuestro rancho, una vez a la tarde temprano, y otra al caer la noche. Así que dime, por favor, ¿estás bien? ¿Pasan con regularidad a asegurarse de que todo esté en orden? Son hombres de palabra, pero debo confesarte que la inquietud no me abandona. Tú eres mi princesa, mi única, y lo más valioso de toda mi existencia.
Antes de cerrar, aprovecho para rogarte que me excuses por excluir a Motongo de la ronda de vigilancia. No lo hice de racista, sé que es un hombre fuerte y capaz y que su ayuda vendría bien, pero… Ya sé que dirás que aquello no fue lo que parecía, que fue cosa del pasado de cuando aún éramos novios, y sé que así es. Y que ese episodio confuso e inapropiado me lo aclaraste y por supuesto lo entiendo, pero no termino de quitarme de la cabeza la imagen tuya arrodillada ante Motongo. Sí, ya me explicaste que lo estabas socorriendo en una emergencia médica, pero, llámame inseguro si quieres, preferí dejar al negro fuera de la recorrida diaria a la casa, especialmente con las cosas que se dijeron aquellos días y las habladurías de la gente… No quisiera que pasemos por eso otra vez. Y más con la “enorme” fama del moreno, que tú misma me has podido confirmar cuando aquel episodio.
Prefiero mantenerlo alejado. Espero que lo comprendas y no me juzgues mezquino.
Dime si has podido darle algo de pienso a la burra y si la gotera del cuarto de las visitas ya no es un problema. Me castiga la culpa por dejar asuntos pendientes antes de partir, pero el tiempo se me fue de las manos.
Te amo con todo mi ser, mi bella y fiel Sofía. Cuídate mucho, no tomes frío, y que esta separación fortalezca nuestro amor y nuestros votos.
Te ruego que me escribas pronto. La próxima carta puedes enviarla a la oficina postal de San Jacinto, donde haremos la próxima parada.
Con todo mi corazón y mi devoción,
Coriolano.
(La respuesta de Sofía, mañana sábado)
NOTA: Al final de la seguidilla de cartas publicadas, todo se compilará como un solo relato (o dos, depende de la extensión) y copiaré los comentarios de los que quieran participar.
CARTAS MARCADAS será una serie de historias y personajes distintos cada vez. Hoy es el turno de Sofía y Coriolano. Posiblemente la serie de cartas que le siga a esta serie de cartas sea entre Julieta y Octavio, de EL FARO, el spin-off de LA ISLA DEL CUERNO. Y hay un par más de historias en el baúl.
— Versión 1.0 (00/00/26)
(c) Rebelde Buey

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Ya esta carta me deja en ascuas de saber de que formas los vecinos cuidan bien de Sofia
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