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jueves, 22 de enero de 2026

Cartas Marcadas (I) • Rancheros 07. (Coriolano 4)


CARTAS MARCADAS (I)  • RANCHEROS (Coriolano 4)
(VERSIÓN 1.0-CRUDO)

Por Rebelde Buey

Estas y otras cartas privadas pertenecen a la Biblioteca y Centro Cultural de Alce Viejo. Correspondencias como ésta, así como oficios legales, testamentos y todo tipo de registros privados son hallados regularmente en casas antiguas o demoliciones, ocultos en baúles y cajones con dobles fondo, y donados por la gente a esta institución pública para gestionarlos como registro universal de las costumbres, idiosincrasia y don de gente del pueblo. 
Este blog tiene el honor y el privilegio de haber sido elegido para publicar por vez primera algunos de estos imprescindibles documentos que son testimonio de la historia viva y real no solo de Alce Viejo, sino del mundo.

LEÉ LAS CARTAS ANTERIORES EN ORDEN:
01. Carta 1         
02. Carta 2
03. Carta 3 
04. Carta 4
05. Carta 5



07. Coriolano a Sofía — Carta 4

San Bartolo 
9 de mayo de 1930

Mi queridísima y atribulada Sofía:

He leído tu carta con el corazón encogido y una tristeza casi de muerte. No sé si debo agradecerte la franqueza o temerla, pero en cualquier caso prefiero la herida limpia a la duda que corroe.
No he dormido bien desde entonces. Me debato entre el dolor, la comprensión y unos dolores en la frente que me aparecieron de golpe.

Tu confesión me ha partido el corazón. Imaginar a Torniquete, o a cualquier otro, profanando nuestro lecho, nuestro sagrado refugio... es una imagen que me atormenta, que me perturba. La decepción es un veneno lento y, sin embargo, al mismo tiempo, tu dolor, tu arrepentimiento, tu vulnerabilidad expuesta en cada línea, conmueven lo más profundo de mi ser.
Esto es culpa mía, en gran medida. Yo te dejé sola. Yo no arreglé la casa como debía. Yo te expuse a esta situación al irme por tantos meses.
No te diré que no duele. Duele como un cuchillo. Pero tu valentía al confesarme la verdad habla de la nobleza que aún late en tu corazón. Comienzo a entender, mi vida, la magnitud de la carga que te he impuesto.

Debo confesar que la idea de que Torniquete se quedara en la habitación mientras los otros cuatro esperaban, y que luego te entregaras en nuestra cama, con ellos al otro lado de la pared, escuchando los gemidos y tu… clímax… me ha mortificado. Los otros vecinos tuvieron que enterarse de todo y han de pensar que soy un cornudo. Eso lacera mi orgullo, ¿cómo voy a verlos a los ojos cuando regrese? Pero otra cosa me llamó la atención y se me hace difícil de entender. Escribiste que el buen vecino estuvo aprovechándose de tu vulnerabilidad durante cuarenta minutos, bombeándote sin parar (perdón el vulgarismo, pero no se me ocurre otra expresión). Eso es imposible. Cuando nosotros hacemos el amor, lo resolvemos en cinco minutos y eso ya es más que suficiente. ¿Quizá tu estado de tribulación o el calor te hayan jugado una broma con los tiempos?

No dudo de tu arrepentimiento, Sofía. Y aun cuando mis pensamientos me atormentan con imágenes que quisiera desterrar, como las manazas de Torniquete tomando tu cintura y empujando para clavarte bien hondo mientras choca tu trasero perfecto contra su panza… (esa imagen no puedo sacármela de la cabeza, me vuelve cada noche al cerrar los ojos para dormir). Confío en que lo ocurrido fue solo un desvarío del espíritu. Todos podemos flaquear. Yo también, a solas en el camino, he flaqueado y te he pensado y rememorado desnuda y me he desahogado a solas, como te has desahogado tú. Aunque, bueno, lo tuyo no fue a solas, fue con otro hombre. Supongo que, si pensabas en mí y me nombrabas en voz alta como dijiste, ha de ser más o menos igual o equiparable, ¿no, Sofía? ¡Por favor, dime que es lo mismo, mi amor!

Ahora, sobre la solución que encontraste para los ruidos y el frío, debo decir que me da muy mala espina. ¡Que los vecinos duerman contigo en nuestra cama! Sé que es por tu seguridad, pero, ¿es estrictamente necesario? Quiero decir, ¿no podían colocar la cama de invitados en la habitación? O mejor aún, en el living. Comprendo que te sientas más segura con un verdadero hombre a tu lado, pero saber que se acuestan contigo cada noche (aunque no te hagan nada), que ven tu despertar en ropa de cama, me provoca una zozobra extraña e insoportable. Me imagino la escena y me pregunto: si un solo vecino te llevó a la perdición, ¿qué pasará ahora que los tienes a todos, uno por noche, en esa cercanía obligada? 

Y respecto al caso de Motongo: ¡Sofía, me das una lección de humildad! Debo disculparme una vez más por mis celos y prejuicios. Comprendo que, por el juramento hipocrático y por la salud del pobre hombre, te vieras obligada a… arrodillarte para hacerlo... bueno, supongo que es la posición más práctica para esa labor. Arrodillarte y mamarlo hasta quitarle toda la inflamación que, según dices, estaba más grande que nunca. Anteponer la salud de un semejante a tu propio pudor demuestra que tu corazón no ha perdido su brújula moral. 
Y qué bueno que sepas curar esa extraña afección, yo nunca había oído hablar que una picadura de abejas se curaba chupando hasta extraer todo el veneno, como se hace con las picaduras de serpientes. Acá le comenté esto a un baqueano con quien estamos recorriendo juntos un tramo del camino y me dijo que si me creo que así se curan esas picaduras, que quiere ir a visitarnos un día para que lo veas, porque a él le sucede lo mismo. Y debe ser verdad porque me mostró lo suyo y está muy hinchado, debe medirle unos veintipico de centímetros por seis o siete, y está muy gordo. Y lo normal es como lo que yo tengo, cinco por dos, así que el pobre hombre ha de estar desesperado. Le dije que pasara por el rancho en el verano, con su mujer. Ahí me dijo que es viudo, pero puede pasarse con cuatro o cinco amigos. Espero no te moleste que tengas que sanar a un compañero de viajes.
Que Motongo haga los arreglos de la casa. Yo me quedo tranquilo porque él no dormirá allí.

Solo te pido una cosa, mi amor: no dejes de escribirme. No dejes de contarme. Necesito saber. Necesito que me cuentes todo. Prefiero mil veces saber la verdad por tu letra que imaginar una mentira todavía peor. Pero hazlo rápido, estoy notando que cada vez te demoras más en responder, como si algo te estuviera distrayendo. Hazlo a la Posada El Destino, donde calculo que estaré para una respuesta con fecha razonable. 

Te ruego que no dejes de amarme. 
Coriolano



(La respuesta de Sofía, el sábado 24 a las 9 de la mañana, Argentina)




NOTA: Al final de la seguidilla de cartas publicadas, todo se compilará como un solo relato (o dos, depende de la extensión) y copiaré los comentarios de los que quieran participar.

CARTAS MARCADAS será una serie de historias y personajes distintos cada vez, pero compartiendo un mismo formato y estilo. Hoy es el turno de Sofía y Coriolano. Posiblemente la serie de cartas que le siga a ésta será entre Julieta y Octavio, de EL FARO, el spin-off de LA ISLA DEL CUERNO. Y hay un par más de historias en el baúl.

 — Versión 1.0 (00/00/26)
(c) Rebelde Buey

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