miércoles, 21 de junio de 2017

Noticias

1— Debido a que los relatos del blog caen a veces en algunas distorsiones, voy a abrir un blog paralelo (un clon o una sección, aún no lo sé), cifrada con contraseña o con invitación. Es para proteger a esos lectores que —la verdad, tienen razón— no merecen encontrarse con cosas desagradables que exceden un relato de cuernos.
De esta manera, todos contentos y nadie se ofende.
El blog seguirá igual, en la práctica no va a cambiar nada (solo poner una clave para ingresar a los relatos nuevos, que te va a llegar por mail).
Esto sucederá antes de la publicación de la continuación de BOMBEANDO, que iba a publicarse este viernes, pero ahora quizá se atrase unos días para re programar el blog.
(las "instrucciones" serán muy muy simples y se publicarán en su momento acá mismo)

2— Se está escribiendo la segunda parte de LA PROFECÍA.

3— Ya están escritas (pero no tipeadas) los siguientes cuatro episodios de la mini serie LA TURCA que, como recordarán, se dan por noches (se relatan la cuarta noche, en la casa del jefe de Poroto, las noches de la semana en curso, las noches de la semana subsiguiente, en las casas de otros gerentes, y finalmente la noche en la casilla que están construyendo dentro de Las Cuadrillas).

4— Ya está escrito y a punto de tipearse el Anexo de la segunda parte de NI GORDA NI FLACA, en el que BRUNI es sometida a una doble penetración anal por parte de Mario Falcón y su amigo, en presencia del cornudo (que no sabe que la víctima es su novia). Este hecho quedó pendiente de contarse en el relato principal, pero como es todo un suceso en sí mismo, se relatará con detalles en un relato aparte.

miércoles, 14 de junio de 2017

Bombeando: Tamy: Diez Años Después (Parte I)

BOMBEANDO: TAMY: DIEZ AÑOS DESPUÉS, PARTE I
(VERSIÓN 1.2)

Por Rebelde Buey


[ ¡Carajo! Por una vez que no íbamos a la quinta de Lobos de vacaciones. Por una vez que convencí a mi mujer de no ir a ese lugar infernal donde siempre terminaban garchándomela… y yo como un cornudo haciendo el trabajo de los caseros, en vez de descansar como corresponde a un buen esposo y padre de familia… ]


Se acomodó la verga por sobre el mugroso pantalón con un gesto despreocupado, sin que le importara mi hijo ahí delante, o mi mujer. Aunque seguro hizo aquello justamente por ella, para que lo viera bien, para que lo midiera. ¡Y por Dios que le medía como un burro!
—Tengo de todo en el camión, menos nafta —dijo don Roque, mirando solo a Tamy e ignorándome por completo—. Todo el mundo sabe que no se puede cruzar esta ruta sin el tanque cargado hasta rebalsar —ahora sí me habló a mí, para juzgarme por mi imbecilidad.
No supe qué decir, solo me puse rojo como una señal de PARE. Botellita corría alrededor nuestro levantando polvo, y yo estaba con la cabeza puesta en la ropa que llevaba mi mujer: una minifalda tejida color salmón que le hacía ver más largas sus piernas bronceadas, y una remera top blanca con letras grandes que decía “Used Bitch”, descotada de hombro a hombro. Parecía una modelo, no la madre de un crío de ocho años. Tamy le sonreía al de la grúa de una manera que me recordaba a otros tiempos.
No estaba la cosa como para sonreírle a nadie. Nos habíamos quedado en medio del desierto, en una ruta abandonada, y este tipo, don Roque, fue el único que milagrosamente pasó en las últimas seis horas. El pobre Botellita ya estaba insoportable de aburrimiento, y yo comenzaba a temer la todavía lejana llegada de la noche, por los coyotes y otras alimañas.
—Y bueno, ¡remólquenos! —me impacienté, más que nada porque don Roque se estaba comiendo con la mirada a mi esposa y quería romper esa magia… Es que Tamy seguía sonriente y ahora levantaba el piecito derecho y juntaba un poco los brazos, inflando sus pechos, que le habían crecido desde que incrementara su actividad sexual—. ¡Le pago lo que quiera!
—No es tan sencillo, porteñito...
Me lo dijo mal, con desprecio. El tipo ya no me gustaba, ahora me empezaba a dar miedo.
—¿Qué tiene de complicado remolcar un auto?
—Son doscientos kilómetros al pueblo, y tengo nafta solo para volver. Si lo remolco, con el peso extra de su auto, el tanque no me aguanta y nos quedamos los dos.
—No quiero quedarme acá toda la noche —puchereó Tamy, de pronto miedosa—. ¿Y si vienen los coyotes?
—No se preocupe, señorita —le dijo don Roque, y le apoyó una mano sobre el hombre desnudo—. Si tengo que quedarme acá hasta el amanecer para que ustedes estén más seguros, puedo sacrificarme.
Se me encendieron todas las alarmas. Conocía de sobra este tipo de sacrificios que los hombres ofrecían cada vez que estaba con Tamy. Así que puse las cosas en su lugar.
—“Señora” —lo corregí.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Pre Aviso

PREAVISO
(VERSIÓN 1.1.1)

Por Rebelde Buey


1.
Estaban echando gente a lo pavote así que entré medio temblequeando al despacho del señor Gaber, mi jefe. Me di cuenta cuando agarré el picaporte de la puerta: entre la agitación y el sudor, la mano se me patinó dos veces.
—¿Querés que te ayude? —me preguntó Érika, la secretaria, con gesto de suficiencia. Era una morocha escultural, una belleza de ojazos y pechos italianos que podría estar trabajando perfectamente en la tele o el cine. Era sin lugar a dudas la mujer más sexy de toda la empresa, la que todos se querían coger, y la que —se sabía— únicamente se cogía mi jefe. Bueno, mi jefe y por supuesto René Muni, su marido y compañero mío en el departamento de Crédito.
—N-no, está bien —dije, me sequé la mano y abrí. Érika me intimidaba. No tenía el rango de mi jefe pero era conocida por su malicia, amén de ser su mano derecha, lo que le daba un poder residual que metía todavía más miedo.
Adentro, mi jefe practicaba golf contra un vaso acostado sobre la alfombra.
—¡Cirilo, qué bueno que viniste!
Se me acercó y me dio la mano. Mi jefe era de esos tipos que nada lo afecta, te trata como si no fueras su subordinado, pero te deja en claro que tenés que hacer lo que te pida. "Qué bueno que viniste", dijo, como si yo hubiera pasado a visitarlo en lugar de haber acudido a su llamado.
—¿Quería verme, señor?
—Cirilo, ¿cuánto hace que trabajás acá? Seis años, ¿no? Si habrás visto cosas... Ya conocés cómo funciona esto, viste que la mano no viene bien... Pateame la pelotita... Gracias... Cirilo, no te la voy a caretear: está sobrando gente por todos lados y ya sabés que Crédito viene para abajo desde hace dos años...
Me asusté. Si me echaban en medio de esa coyuntura económica iba a terminar durmiendo en la calle.
—¡Señor, no me eche por favor!
—Cirilo, solamente en este edificio trabajan 180 personas... y el recorte que tiraron es del 30% para la primera etapa. Vos estás en números, decime cómo hago...
Venía transpirando y de pronto el sudor se me hizo helado.
—Señor, hace seis años que trabajo para usted. En el sector hay gente con menos antigüedad... López, Aguirre, Muni...
Mi jefe me miró como si estuviera loco.
—No voy a echar a Muni. Me cojo a la perra bestial que tiene de esposa.
Lo dijo con una falta absoluta de reserva, como si estuviera hablando del clima.
—¿Y López? ¿Y Aguirre?
—¿No conocés a la novia de Aguirre? A esa bomboncita la veo en su casa. ¿O por qué te pensás que desaparezco todos los miércoles de 14 a 17? Y antes que me insistas por López, me pidió el gerente de logística que no lo eche, él y un amigo le cogen a la mujer una o dos veces por semana. ¡Qué desvergonzados!
Estaba perdido. La fatalidad de la situación me ahogó el pecho y la garganta. Quedé en silencio, imposibilitado de hablar.
—¿Me pateás la pelotita?
Le pateé la pelotita. Dios, ¿qué iba a hacer? ¿Cómo se lo diría a Eugenia? Ella vivía en su mundo, estudiando para veterinaria y sin la mínima intención de buscar trabajo en el mientras tanto. Al menos le ponía ganas al hogar y con sus 26 años procuraba convertirse en una buena ama de casa, lo que no siempre sucedía y yo utilizaba para mofarme de ella y reírnos juntos. Esta vez no nos íbamos a reír. Ella era una adulta-niña y yo, en mis 46, ya comenzaba a quedar fuera de las búsquedas de personal de las empresas.  
—Pero acordándome de las viejas épocas —siguió mi jefe—, de las buenas, de cuando andábamos bien y hacíamos dos fiestas por año, ¿te acordás?, se me ocurrió que en una de esas podría haber una solución.

Se publica el 16/06/2017

Se publica el 16/06/2017
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