domingo, 4 de febrero de 2018

TDL: Con Amigo de la Infancia, Poca Tolerancia

TEST DE LEALTAD

Una nueva e incipiente moda da cuenta de mujeres que se ponen al servicio de la pareja para testear y comprobar la real calidad de las relaciones de sus maridos. Estas mujeres, verdaderas leonas de manada, cuidan de sus hombres hasta el punto de poner el cuerpo en la difícil tarea de detectar si los amigos, socios o parientes de su marido son confiables.
La metodología es sencilla: ellas se producen bonitas y provocan situaciones para quedar a solas con el sujeto a evaluar. Si los hombres se les insinúan, es clara señal de que no son dignos de confianza.

En este foro solo publicamos los testimonios de los protagonistas que pusieron a prueba aquellas lealtades insospechadas, y sus sorprendentes resultados.


3. Con Amigo de la Infancia, Poca Tolerancia

Cebito: Yo no sabía que existía un test tan genial como éste. Me vino bien, porque últimamente mi mejor amigo Alex estaba un poco raro conmigo, incluso distante y medio cortado, y comencé a cuestionarme si nuestra amistad resultaba tan sólida como cuando éramos adolescentes. ¿Era mi amigo el mismo de siempre? ¿Seguíamos inseparables (hermanos de la vida) como años antes, o la adultez indefectiblemente nos había alejado? ¿Podía confiar en él? Y si era así, ¿cuánto?
Con estas preguntas en mi cabeza y corazón, y mi mujer Isabela a mi lado, dimos un buen día con este polémico test en internet, y decidimos hacerlo.
Ya saben, se trata de poner a mi amigo a prueba. Una prueba de códigos y lealtad para conmigo. El señuelo es mi mujer, sexy y provocativa en la medida de sus posibilidades (no le sale muy bien el papel de come-hombres, ya verán). Hay que crear una ventana de oportunidad (así le dicen en la página) y esperar los resultados. Si tu amigo quiere propasarse con tu mujer, el test está hecho: no podés confiar en alguien que te traicionaría a la primera oportunidad. Y si él, como casi siempre sucede, no hace nada, tu amigo sí es de fiar y pasa la prueba de la lealtad.

Cebito: Así que una tarde llamé a mi amigo Alex, a quien conozco desde la infancia, y le dije que Isabela andaba por la zona y yo le había pedido que pasara por su casa a buscar unos papeles de mi seguro de vida, que él maneja. Alex no tuvo ningún problema, al contrario, pareció entusiasmado. Es que todos mis amigos conocen bien a Isabela, nos vemos en algunas salidas y en mi cumpleaños, que ella siempre me organiza con ayuda de ellos.

Isabela: Cada año me junto con los amigos de mi marido para que me hagan la fiesta para él, es decir, que me ayuden con todos los preparativos. Siempre es un festejo sorpresa, por eso nos vamos juntamos a escondidas de él en las casas de los chicos, un día en cada casa porque los preparativos nos toman muchos días. Al punto que varios años hemos llegado a juntarnos casi todos los días desde un mes antes del cumple de Cebito. Cuatro o cinco horas dándole duro a la organización del evento, ellos dándome una mano y poniéndose firmes para mí, todos juntos o de a dos o tres, especialmente Alex, que es con quien más me abro y más profundo me conoce, por aquel malentendido que tuve con mi jefe y Cebito, y en el que Alex hizo recapacitar a mi marido para que no me deje.


Isabela: Por eso yo estaba segura que iba a pasar la prueba, que iba a estar a la altura y grosor de las circunstancias. Aunque más vale prevenir que lamentar en estas cosas. Así que me puse ese vestidito rojo ajustado y ultra corto, que mi jefe siempre me dice que me hace muy muy puta. Yo ya no confío más en mi jefe, lo mismo que Cebito. Igual no es el único que me dice eso cuando me lo pongo para acompañarlo a ver al dueño de la empresa (mi jefe insiste en que vaya vestida con este tipo de ropa porque cada vez que me deja a solas con el dueño, él siempre termina recibiendo un bono.)

Isabela: El tema es que Alex nunca me había visto así, y por más que era un amigo confiable, tengo que admitir que me comió con la mirada. Me dijo que estaba impactante y me hizo chistes tontos sobre lo bueno que era que yo fuera por los papeles y no el cornudo de Cebito (así lo dijo, obviamente en broma).


Cebito: Este es el trasero de mi mujer. ¡Díganme si no es hermosa! Sé que soy un hombre de suerte: esa cola (pero además todo ese cuerpito) es y será solo para mí. Claro que afortunado en el amor...

Isabela: Con ese tipo de vestido se te va subiendo el ruedo a cada paso. Me hice la distraída y caminé un poco, para que Alex me mirara y ver si decía algo. Y claro, el ruedo se fue subiendo. En instantes lo tenía al borde de la cola, y yo me seguía haciendo la tonta. Y el otro no decía nada…
Pero yo no estaba ahí para hacerle perder tiempo a mi marido, tenía que probar la lealtad de su amigo, así que enseguida me subí por completo el ruedo del vestido como para quitármelo desde arriba, y quedé en tanguita y medias de caña altísima, con liguero de puntilla y ligas, que me dijeron que a los hombres los excita. No me dio tanta vergüenza como creí porque no era la primera vez que Alex o los amigos de mi marido me veían así. Cuando nos reunimos para prepararle la fiesta sorpresa a Cebito, más de una vez entran por error a la habitación mientras me cambio, o al baño justo cuando estoy a punto de ducharme.


Isabela: En fin, me haya visto un montón de veces semidesnuda o no, la cuestión es que Alex por fin reaccionó. Se tomó la cabeza y me dijo un cumplido bonito que en principio parecía inocente:
—¡Pero qué pedazo de putón cósmico tiene Cebito de mujer! ¡Te partiría esa concha y ese culazo y te lo llenaría de leche, si no fueras la esposa de mi amigo!
Me gustó que lo respetara a mi esposo. Eso hizo que me mojara un poco. En general cada vez que sus amigos nombran a mi esposo, me mojo.


Isabela: Como Alex se mostraba ambiguo, decidí provocarlo un poquito más, siempre pensando en beneficio de mi marido. Me di vuelta mostrándole mi colita, me apoyé en la pared y le sonreí como si fuera una puta infiel que hace cornudo a su marido tres veces por semana, una en el gym con el de recepción, otra con mi jefe (cada viernes después de hora, como antes de que el cuerno nos descubriera), y otra con alguno de los amigos de Cebito, con los que organizamos las fiestas. No sé cómo, pero me salió convincente el papel de puta.

  
Isabel: …porque se me vino al humo en un segundo, se arrodilló y se llenó las manos de mi culo, y me besaba los muslos, la tanga sobre mi conchita, me manoseaba, me mordía con lujuria.
—¡Pedazo de puta te voy a llenar el culo de pija y leche como en cada cumpleaños del cuerno! —me dijo desesperado. Se ve que toda esta situación lo hacía delirar, porque nunca lo hicimos el día del cumpleaños de Cebito.

  
Isabela: Así que me senté y lo tomé del paquete, que ya me había dicho Michi, la mujer de otro amigo de mi marido, que era enorme. Yo ya sabía, porque así como Alex y otros chicos a veces entraban por accidente mientras yo me cambiaba o me duchaba al organizar el cumple sorpresa de mi marido, a veces yo también entraba por error cuando alguno se cambiaba o se estaba duchando.
Le froté el bulto para ver si estaba excitado o seguía siendo leal. Y bueno, la verdad es que como la tiene enorme, no me daba cuenta, en estos casos una nunca sabe si es porque la tiene parada o simplemente porque es cinco o seis veces más grande que la de su propio marido.


Isabela: Así que no me quedó otra que bajarle el pantalón, tomarle la verga grande y llevármela a la boca y tragarme el orgullo de buena esposa y empezar a mamarlo como si fuera una puta, como si me gustara la pija de cualquier macho. Fue una sensación rara y desagradable agarrar algo tan grande comparado con la de mi marido y abrir la boca para metérmelo adentro. Y comenzar a pajearlo y a cabecear mientras se la chupaba. No me entraba, pero con tal de desenmascararlo hacía el esfuerzo y poco a poco acomodé la garganta y me la fui metiendo completa. Alex ayudaba y me empujaba la cabeza desde la nuca.
—¡Tragá, puta! ¡Te la vas a comer hasta los huevos hoy!
Si algo me caracteriza es que me gustan los desafíos. Al final le gané la pulseada, más que nada para no hacer quedar mal a mi marido, y logré tragarme toda la verga hasta la base y lamerle apenas un segundo los testículos con la punta de la lengua. Me salían lágrimas de los ojos, me ahogaba, pero no me importaba, quería que supiera lo buena que era la mujer de su amigo.


Isabela: Supongo que fue por eso y no otra cosa que me le monté encima, para que envidiara a Cebito y para ver si de verdad se animaba a cogerme, es decir, a engañar a mi marido, porque hasta ahora solo eran vueltas indefinidas. Me clavé en su verga y me la mandó hasta el fondo con esa fricción suave y semi rugosa de la primera estocada, cuando estás empapada. No es que yo estuviera mojada de excitación, pero me había pegado una ducha antes de llegar. La verga me entró bien, aunque, como les dije, con ese trastabilleo de las vergas grandes en la primera clavada. Y en ese preciso momento me acordé de mi marido, como me pasa siempre cuando me mandan una estocada a fondo. Es que no hago otra cosa que pensar en él.
Me la clavé hasta la base y subí, y me la volví a clavar, para ver si era verdad que Alex no era de confiar. Y efectivamente me tomó de las nalgas y comenzó a bombearme hacia arriba mientras yo lo chocaba hacia abajo.
—¡Te estás cogiendo a la mujer de tu amigo, hijo de puta! —le dije para que recapacitara.
—Sí, putón, como todos los finde que el cornudo se va de viaje por trabajo…
¡Qué manera de alucinar! Era cierto que Cebito se va fin de semana por medio a Perú por trabajo, pero no siempre es Alex el que viene a ver que esté todo bien y cuidarme.


Isabela: Mientras me montaba arriba de la verga de Alex, le mandé un mensaje de texto a mi marido:
“Mi amor, no sé si tu amigo es de fiar o no. Me está empernando hasta los huevos pero ahora que lo pienso creo que yo me excedí en la iniciativa, él nunca me propuso nada”.
No sé qué me respondió porque por suerte y para desenmascarar a este falso amigo, Alex me quitó de arriba, me tomó de la cintura y me empezó a garchar en el borde del sillón.
—¡Tomá, puta, sentí la verga de un macho de verdad y no la pijita del cornudo!
—No le digas cornudo —defendí a mi marido, porque no iba a dejar que le faltaran el respeto— ¡Abrime más y mandámela hasta los huevos que me estoy por venir!
—¡Entonces te la suelto, hija de puta! Avisame cuándo y acabamos juntos…
Eso me indignó como pocas veces en la vida y empecé a acabar de bronca y frustración por la traición del amigo de Cebito.
—¡Ahhhhhhhh…!! Llename de leche! Llename de leche que estoy acaban…. Ahhhhhh…!
—Te la suelto, puta! Te suelto la leche!! Ahhhhhhhhhh…!!!
—Sí, sí, sí, sí… ¡Llename que se la llevo a tu amigo!
—¡Tomá, puta! ¡Tomá, tomá, tomá! Ahhhhh…


Isabela: Me estuvo acabando como dos minutos, llenándome de leche como un hijo de puta. Yo fingí ese orgasmo y luego durante la tarde, que volvió a cogerme, un par de orgasmos más, hasta que me di cuenta que aunque me había cogido ya en cuatro oportunidades, no tenía una verdadera prueba irrefutable de su traición.
Así que para la última vez, le pedí que me la echara en otro lado. Ya me había llenado de leche la concha, la boca y el culo. Esa vez se la pedí sobre la cola.
—¡Te la suelto donde más te guste, putón! ¡Y si querés te hago un hijo también!
Me la sacó del culo, pues el muy traidor me estaba entrando pija a fondo en la cola, la misma que al pobre Cebito no me animo a darle por miedo a que me duela, y comenzó a pajearse frente a mi culazo.
—Eso de hacerme un hijo el miércoles mientras el cuerno está en la oficina —le mentí para alentarlo.
Y se ve que sí lo alentó porque me empezó a regar las nalgas con toda su tibiecita leche de macho.
Me estremecí. Cada vez que me echan la leche en la cola me pone la piel de gallina. Es decir, las veces que me lo hacían ex novios antes de conocer a Cebito, porque la leche de Cebito tiene poca fuerza y no llega tan lejos.
Me tiró los tres o cuatro lechazos sobre las nalgas y le pedimos a un amigo suyo que había caído una hora antes que sacara la foto. Les dije que para mi colección, pero en realidad era para mostrarle a mi marido lo sucio, taimado y poco confiable que es su amigo Alex.
  

  
Cebito: Cuando vi las fotos y escuché el relato de mi mujer, de esas cuatro horas de pesadilla que tuvo que soportar, tuve sentimientos encontrados. Quizá mi amigo no era un traidor desleal. Quizá se vio obligado por la presión de ella. Es decir, algunos hombres (no yo) pueden sentirse obligados a actuar como machos ante una mujer que se les presenta fácil. Ya saben, como un mandato cultural machista.
Isabela me dijo que tenía razón, y que quizá ella se excedió demasiado en su celo por descubrirlo. Y antes de apagar la luz para irnos a dormir —yo con una erección tremenda por ver las fotos de mi mujer desnuda— ella tiró esa idea, como siempre más inteligentes que las mías.
—Deberíamos hacerle otra prueba, pero sin que yo le insista tanto. ¿No te parece?
—Sí, creo que sería lo más justo para con mi amigo —me le pegué a su cola, en cucharita, apoyándole todo mi miembro viril y erecto—. Mi amor, ¿qué te parece si…?
—Ay, Cebito, no te enojes, pero prefiero que esta semana no hagamos nada hasta que vuelva a la casa de tu amigo a desenmascararlo. Quiero estar bien concentrada para no equivocarme como hoy.
Fue una noche dura. Muy dura.

Fin.


BONUS:

martes, 26 de diciembre de 2017

Ante varias consultas...

Hola gente!
Por problemas en la vida real estuve ausente todo Diciembre tanto de este blog como del mail y de todo lo que hace al mundillo Rebelde Buey. Tampoco escribí nada (ni una sola frase) sobre ninguna historia de cuernos (sí estuve escribiendo otras cosas comerciales con afán de poder venderlo). No creo que Enero sea diferente, aunque no lo sé.
Lo que sí se son dos cosas:
- No hay nada de material nuevo ni en este blog, ni en ningún otro lado. Así que tranquilos, nadie se está perdiendo nada por no estar "actualizado".
- Lo próximo que se publique será anunciado ACÁ, EN ESTE BLOG, tanto el nuevo formato como los nuevos relatos.
- Oficialmente ÉSTE ES EL ÚNICO LUGAR donde se anunciará y publicará lo nuevo, lo que vendrá, sea lo que sea y cuando sea, que hoy por hoy no lo sé.
Bueno, eran tres cosas, jajaj

Rebelde Buey

martes, 29 de agosto de 2017

La Turca (04) — Teaser


CLICK EN LA IMAGEN PARA AGRANDAR.

ESTRENO: 1 de Septiembre (solo en cines)

lunes, 14 de agosto de 2017

viernes, 28 de julio de 2017

Bombeando (04) (Parte II) (Tamy)

Bombeando (04) (Parte II) (Tamy)

Por Rebelde Buey

El camión cisterna llegó envuelto en polvo y humo blanco. Era más viejo y destartalado que la camioneta de don Roque. Seguro que el hijo de puta habría llamado a algún viejo como él, amigo de toda la vida, para mostrarle —y ufanarse de— la pendeja que se había cogido.
Pero del camioncito salió un muchacho de unos 30 o 35 años, alto, ancho de hombros, de abdominales planos y cabello enmarañado. Tenía los ojos claros y la piel bronceada por el yugo, con una cicatriz fea en la mejilla mal afeitada, que le deba un aire de narcotraficante “bueno” de telenovela.
Tamy me soltó de inmediato y se fue hacia él.
—Hacete cargo de mi hijo, cuerno...
Fue tan fría en la forma de decirlo que me dejó sin reacción. En cambio no fue nada frío el andar y el bamboleo reguetonero de caderas cuando se dirigió hacia el tipo. No puedo asegurarlo porque nomás veía la espalda de ella, pero me juego una paja a que ya le sonreía.
—Tamy, comportate —la grité entre dientes. Por toda respuesta solo levantó una mano con desdén, ni siquiera giró para mirarme y tranquilizarme.
—Hola, preciosa —la saludó Machete con una sonrisa. Así, "hola, preciosa", como si estuviera en un boliche. Algo me decía que mientras yo estuve entreteniendo a Botellita, el viejo estuvo haciendo algo más que cogerse a mi mujer en el auto. Machete parecía tener demasiada información.
Don Roque lo saludó con un apretón de manos y un guiño.
—Hay que llenarle el tanque a esta belleza.
No se refería a mi auto, eso seguro.
Tamy ya estaba junto a Machete, que la miró de arriba a abajo sin disimulo, como si fuera una cosa garchable puesta en un escaparate. Se dieron un beso en la mejilla, casi rozándose lo labios, y yo me acerqué y me pegué a mi mujer como para marcar y proteger lo que por derecho solo me pertenecía a mí. Machete ni me registró, siguió mirando y sonriendo a Tamy.
Entonces don Roque, supongo que fastidiado porque yo me le pegué a su hembra, dijo con una brutalidad total:
—Acá el cornudo necesita nafta para llegar al primer pueblo. ¿Qué descuento le podés hacer?
¡Ah, no! Ya conocía el versito del descuento.
—No, ¡qué descuento! —salté— No quiero descuento de nada. Solo llene y cóbreme lo que me tenga que cobrar.
—Te la voy a llenar, no te preocupes —dijo, y esta vez miró a mi mujer a los ojos, y ella le sonrió. Ahí me di cuenta que se habían acercado mucho entre sí, y con los brazos en jarra, Tamy lo estaba tocando disimuladamente—. El único problema es que se me rompió la bomba del tanque.
—¿Qué bomba? ¿De qué estaba hablando?
Ya me estaba poniendo nervioso.
—La bomba que manda la nafta de la cisterna a su tanque.
—¿Pero puede cargarlo o no, carajo? —me impacienté.
Entonces don Roque me tomó de la base del cuello. Fuerte, muy fuerte.
—No sea soberbio, porteñito. ¿No le enseñé hace un rato que debe ser respetuoso con el prójimo?
El movimiento me sorprendió. Quedé a su merced con su manaza que me apretaba cada vez más fuerte y el dolor comenzó a acalambrarme las piernas. Vi a Machete sonreírle y zalamear a Tamy, que no parecía darse cuenta de nada a pesar de estar a mi lado.
—Por favor, don Roque... —murmuré, tartamudeando por el dolor, pero más por la humillación de ser sometido al lado de mi esposa.
—Todos ustedes son iguales, vienen a los pueblitos y se quieren aprovechar de nosotros.
Caí de rodillas al suelo, tomándome el cuello. Recién ahí Tamy pareció advertir algo:
—Mi amor, ¿te tropezaste?
—¡Maricón! —sentenció don Roque con desprecio.
Desde el suelo vi el brazo de Machete rodear la cintura de mi mujer y la mano apoyarse sobre un anca.
—Tiene que haber una forma.... —rogué al borde de las lágrimas.
—Hay una bomba manual —dijo el muchacho, sin darle mayor importancia. Seguía distraído con Tamy—. Pero yo no voy a accionarla. Está oxidada, se traba…
—Mi amor —dijo Tamy, ayudándome a levantar—, con Machete y don Roque pensamos que quizás lo mejor sea que ellos me lleven al pueblo así yo busco ayuda, y vos te quedas cuidando el auto con Botellita, y de paso tenés tiempo de calidad con él.
—¡No, no, no! —me apuré a decir, y restregué el hombro— No voy a dejarte ir sola a un pueblo desconocido, puede ser peligroso.
—No hay problema, ellos se ofrecieron a cuidarme.
Iba a gritarle a Tamy que se deje de joder, que me daba cuenta que se los quería coger. Eso me enfurecía, pero el dolor en el cuello y la mirada de pocos amigos de don Roque me hicieron recapacitar.
—Tamy, mi amor, no quiero separarte de Botellita —y miré a Machete, tratando de no bajar la mirada porque me parecía que el hijo de puta estaba manoseando a mi amorcito—. Yo puedo accionar esa bomba manual —Por un momento recordé la primera vez que fui a Lobos, la pileta vacía y la bomba, y me estremecí—. Total, ¿cuánto se puede tardar en llenar un tanquecito?
Tomara el tiempo que tomara, nomás agarrar la bomba me di cuenta que con esa porquería a mí me iba a llevar cien veces más. No solo estaba oxidada, estaba sucia de nafta y gasoil engrasado, de modo que había formado una costra en la varilla del pistón y se había taponado más de dos tercios del pico de salida. Machete instaló la bomba manual al pie del tanque cisterna y nada más.
—Ahí tiene —me dijo—. Bombee —y buscó a Tamy con la mirada, que estaba llegando al auto y quitándose las sandalias para entrar—. Yo voy a cobrarme con su mujer.
Y se fue con ella.


Ah, porque no les dije que en cuanto acepté bombear para que no se llevaran a mi mujer al pueblo, el hijo de puta de Machete dijo que nos ayudaba pero bajo el mismo arreglo que don Roque. Tamy pegó un saltito y la boca se le agrandó de oreja a oreja, aunque tuvo la deferencia de decirles:
—No me parece justo, ¡es un abuso! Ustedes dos cogiéndome y el pobre cornudo bombeando —Era una manera extraña de defenderme, porque la sonrisa no la hacía parecer muy indignada, más bien burlona.
Yo protesté. Por una vez apoyé a mi mujer para hacer frente común. Pero enseguida, casi al segundo, Tamy dijo:
—Aunque don Roque ya me cogió y se vació dos veces, mi amor. Un abuso más o un abuso menos no va a cambiar nada.
¡Maldita sea! Tamy siempre hacía la misma cuenta: una más, una menos... Al final se la terminaban garchando todos. Cuando llegáramos a casa tendríamos que hablar para corregir esto.


Cuando llegáramos a casa, no ahora. Porque ahora el turro de Machete la estaba metiendo en el auto, manoseándole el culazo a mi mujer, igual que horas antes había hecho don Roque.
—Papá, ¿el señor nuevo también va a hacer gritar a mamá...?
Botellita estaba a mi lado y miraba igual que yo cómo Machete y su madre se metían al auto.
—N-no sé mi amor, no creo —mentí, porque había visto el bulto del tal Machete y era descomunal. En realidad no el bulto, sino la verga larga y ancha que se le marcaba bajo la pierna del pantalón.
Don Roque había desaparecido, estaba meando al otro lado del camión. Yo le pedí a Botellita un destornillador, como para entretenerlo, y me lo trajo enseguida. Comencé a destapar el pico que conectaba a la manguera, y eso le resultó a mi hijo un juego de grandes y me pidió hacerlo él. Cedí mi lugar y aproveché para mirar furtivamente al auto, a unos siete metros. Tamy miraba hacia abajo con cara de sorpresa, seguramente maravillada por comprobar lo que se insinuaba dentro del pantalón de Machete.
Don Roque regresó de liberar su vejiga. Venía latigueando su verga de derecha a izquierda, sacudiéndolo. ¡Carajo!, tenía una víbora pitón entre las piernas. Con razón Tamy había querido ir al pueblo con él. Ya hablaríamos también de esto en casa. Botellita terminó de destapar el pico.
Fui al auto con el extremo de la manguera, para meterla en el tanque de nafta. La boca del tanque, ya saben, está pegado a los asientos traseros. Aproveché para hacer todo lento y así espiar —es decir, controlar— lo que tenía Machete entre las piernas y lo que le iba a hacer a mi mujer. Machete la tenía enorme, más imponente incluso que don Roque. Por suerte no tan monstruosa como la de Botellón, que mi mujer debía soportar cada verano, ensillada de verga mientras los otros la arengaban.
Tamy se había arrodillado y le ofrecía el culo y la concha a este nuevo hijo de puta, apoyándose e incluso sacando la cabeza por la ventanilla abierta para que el abusador estuviera más cómodo. Y el abusador estaba tan cómodo que, arrodillado detrás de ella, había apoyado el vergón sobre las nalgas de mi mujer, por la raya. Yo no estaba del lado de Tamy, sino del de Machete. Veía claramente esa manguera de carne, gruesa y pesada, apoyada sobre y entre las nalgas de mi mujer y llegar hasta cerca de la cintura. "No le va a entrar semejante pedazo", pensé, mientras veía cómo Machete soltaba la pija sobre la cola de Tamy para que sintiera y vibrara con ese peso muerto.
Metí la manguera en la boca del tanque, que de tan finita bailaba, y me asomé por la ventanilla.
—Señor Machete, no le va a meter todo eso, ¿verdad? —Tamy se rió— No quiero que la lastime.
—Mi amor, por ahí abajo salió Botellita, puede entrar lo que sea que disponga un buen macho.
A veces Tamy hablaba así. No durante el año, pero sí durante los veranos en la quinta de Lobos.
—No, bebé —dijo Machete, entre jocoso y amable, y comenzó a masajearle las nalgas—. Este pedazo te va entrar por la colita... quiero sentirte realmente estrecha.
Tamy rió, como si fuera un chiste. Yo me angustié. Aunque cada año se lo hacían Botellón, don José y el Indio, sabía que alguna vez me iba a tocar a mí y no quería que más machos me la siguieran ensanchando.
—No, Machete, ¡el culo no!
Machete ya se masajeaba la verga, como para endurecer y penetrar.
—Tranquilo, cuerno, que no le va a doler.
—¡No es eso!, ¡no quiero que me la estire!



PODÉS COMENTAR EL RELATO ACÁ ABAJO, COMO SIEMPRE

jueves, 27 de julio de 2017

¿Por qué los relatos pagos?

La idea de Patreon.com es sencilla: juntar a los artistas y sus seguidores, de modo que la suma de los seguidores ayude a que el artista pueda generar más de su arte. Los artistas se dedican más tiempo a crear, y los seguidores disfrutan de más obras que de otro modo no existirían. Todos ganan.

Durante diez años escribí y subí de manera gratuita a este blog bastante más de 200 relatos cornudos, llenos de morbo, romance, humor y fibra humana. Mi idea era ofrecer relatos calientes sin subestimar al lector en cuanto a la calidad, y creo que el objetivo se cumplió.
Cada relato me toma entre 20 y 30 horas de trabajo, dependiendo de la longitud y complejidad del texto, y ahora decidí darle un valor a ese tiempo, y de esa manera también darle un valor a lo que escribo.
No sé cuánto valen 20 o 30 horas/hombre de mi oficio, pero no debería ser menos que las 20-30 horas de una doméstica o del que pasea los perros.  
Puesto así, pueden ver esto de la suscripción como un encuentro entre amigos donde yo les cocino una sabrosa comida, y ustedes me invitan el café, pues el valor de cada relato es menos que un café. Sí, menos que un café.

miércoles, 14 de junio de 2017

Bombeando 4: Tamy, Diez Años Después (I)

BOMBEANDO 4: TAMY, DIEZ AÑOS DESPUÉS, PARTE I
(VERSIÓN 1.2)

Por Rebelde Buey


[ ¡Carajo! Por una vez que no íbamos a la quinta de Lobos de vacaciones. Por una vez que convencí a mi mujer de no ir a ese lugar infernal donde siempre terminaban garchándomela… y yo como un cornudo haciendo el trabajo de los caseros, en vez de descansar como corresponde a un buen esposo y padre de familia… ]


Se acomodó la verga por sobre el mugroso pantalón con un gesto despreocupado, sin que le importara mi hijo ahí delante, o mi mujer. Aunque seguro hizo aquello justamente por ella, para que lo viera bien, para que lo midiera. ¡Y por Dios que le medía como un burro!
—Tengo de todo en el camión, menos nafta —dijo don Roque, mirando solo a Tamy e ignorándome por completo—. Todo el mundo sabe que no se puede cruzar esta ruta sin el tanque cargado hasta rebalsar —ahora sí me habló a mí, para juzgarme por mi imbecilidad.
No supe qué decir, solo me puse rojo como una señal de PARE. Botellita corría alrededor nuestro levantando polvo, y yo estaba con la cabeza puesta en la ropa que llevaba mi mujer: una minifalda tejida color salmón que le hacía ver más largas sus piernas bronceadas, y una remera top blanca con letras grandes que decía “Used Bitch”, descotada de hombro a hombro. Parecía una modelo, no la madre de un crío de ocho años. Tamy le sonreía al de la grúa de una manera que me recordaba a otros tiempos.
No estaba la cosa como para sonreírle a nadie. Nos habíamos quedado en medio del desierto, en una ruta abandonada, y este tipo, don Roque, fue el único que milagrosamente pasó en las últimas seis horas. El pobre Botellita ya estaba insoportable de aburrimiento, y yo comenzaba a temer la todavía lejana llegada de la noche, por los coyotes y otras alimañas.
—Y bueno, ¡remólquenos! —me impacienté, más que nada porque don Roque se estaba comiendo con la mirada a mi esposa y quería romper esa magia… Es que Tamy seguía sonriente y ahora levantaba el piecito derecho y juntaba un poco los brazos, inflando sus pechos, que le habían crecido desde que incrementara su actividad sexual—. ¡Le pago lo que quiera!
—No es tan sencillo, porteñito...
Me lo dijo mal, con desprecio. El tipo ya no me gustaba, ahora me empezaba a dar miedo.
—¿Qué tiene de complicado remolcar un auto?
—Son doscientos kilómetros al pueblo, y tengo nafta solo para volver. Si lo remolco, con el peso extra de su auto, el tanque no me aguanta y nos quedamos los dos.
—No quiero quedarme acá toda la noche —puchereó Tamy, de pronto miedosa—. ¿Y si vienen los coyotes?
—No se preocupe, señorita —le dijo don Roque, y le apoyó una mano sobre el hombre desnudo—. Si tengo que quedarme acá hasta el amanecer para que ustedes estén más seguros, puedo sacrificarme.
Se me encendieron todas las alarmas. Conocía de sobra este tipo de sacrificios que los hombres ofrecían cada vez que estaba con Tamy. Así que puse las cosas en su lugar.
—“Señora” —lo corregí.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Pre Aviso

PREAVISO
(VERSIÓN 1.1.1)

Por Rebelde Buey


1.
Estaban echando gente a lo pavote así que entré medio temblequeando al despacho del señor Gaber, mi jefe. Me di cuenta cuando agarré el picaporte de la puerta: entre la agitación y el sudor, la mano se me patinó dos veces.
—¿Querés que te ayude? —me preguntó Érika, la secretaria, con gesto de suficiencia. Era una morocha escultural, una belleza de ojazos y pechos italianos que podría estar trabajando perfectamente en la tele o el cine. Era sin lugar a dudas la mujer más sexy de toda la empresa, la que todos se querían coger, y la que —se sabía— únicamente se cogía mi jefe. Bueno, mi jefe y por supuesto René Muni, su marido y compañero mío en el departamento de Crédito.
—N-no, está bien —dije, me sequé la mano y abrí. Érika me intimidaba. No tenía el rango de mi jefe pero era conocida por su malicia, amén de ser su mano derecha, lo que le daba un poder residual que metía todavía más miedo.
Adentro, mi jefe practicaba golf contra un vaso acostado sobre la alfombra.
—¡Cirilo, qué bueno que viniste!
Se me acercó y me dio la mano. Mi jefe era de esos tipos que nada lo afecta, te trata como si no fueras su subordinado, pero te deja en claro que tenés que hacer lo que te pida. "Qué bueno que viniste", dijo, como si yo hubiera pasado a visitarlo en lugar de haber acudido a su llamado.
—¿Quería verme, señor?
—Cirilo, ¿cuánto hace que trabajás acá? Seis años, ¿no? Si habrás visto cosas... Ya conocés cómo funciona esto, viste que la mano no viene bien... Pateame la pelotita... Gracias... Cirilo, no te la voy a caretear: está sobrando gente por todos lados y ya sabés que Crédito viene para abajo desde hace dos años...
Me asusté. Si me echaban en medio de esa coyuntura económica iba a terminar durmiendo en la calle.
—¡Señor, no me eche por favor!
—Cirilo, solamente en este edificio trabajan 180 personas... y el recorte que tiraron es del 30% para la primera etapa. Vos estás en números, decime cómo hago...
Venía transpirando y de pronto el sudor se me hizo helado.
—Señor, hace seis años que trabajo para usted. En el sector hay gente con menos antigüedad... López, Aguirre, Muni...
Mi jefe me miró como si estuviera loco.
—No voy a echar a Muni. Me cojo a la perra bestial que tiene de esposa.
Lo dijo con una falta absoluta de reserva, como si estuviera hablando del clima.
—¿Y López? ¿Y Aguirre?
—¿No conocés a la novia de Aguirre? A esa bomboncita la veo en su casa. ¿O por qué te pensás que desaparezco todos los miércoles de 14 a 17? Y antes que me insistas por López, me pidió el gerente de logística que no lo eche, él y un amigo le cogen a la mujer una o dos veces por semana. ¡Qué desvergonzados!
Estaba perdido. La fatalidad de la situación me ahogó el pecho y la garganta. Quedé en silencio, imposibilitado de hablar.
—¿Me pateás la pelotita?
Le pateé la pelotita. Dios, ¿qué iba a hacer? ¿Cómo se lo diría a Eugenia? Ella vivía en su mundo, estudiando para veterinaria y sin la mínima intención de buscar trabajo en el mientras tanto. Al menos le ponía ganas al hogar y con sus 26 años procuraba convertirse en una buena ama de casa, lo que no siempre sucedía y yo utilizaba para mofarme de ella y reírnos juntos. Esta vez no nos íbamos a reír. Ella era una adulta-niña y yo, en mis 46, ya comenzaba a quedar fuera de las búsquedas de personal de las empresas.  
—Pero acordándome de las viejas épocas —siguió mi jefe—, de las buenas, de cuando andábamos bien y hacíamos dos fiestas por año, ¿te acordás?, se me ocurrió que en una de esas podría haber una solución.

viernes, 24 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) VI (Final)

JULI: Capítulo 6
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


10.
Otra vez en la estación Caballito. Otra vez en la hora pico. Bencina me había dado instrucciones precisas: “cuando yo te mande un mensaje de texto vos lo llamás al cuerno y le decís que te sentís mal, que necesitás que te pase a buscar por la estación. Y cuando llegue, le decís que ya estás mejor y se toman el tren para volver.”
No crean que me dio más detalles, solo eso, y que confíe en él. Ah, y que sí o sí vaya con minifalda.
Por suerte tengo un montón de minis que no son de puta. Aunque el último año solo me había comprado ropa bien perra (buena parte de la cual se la oculté a mi marido), me quedaba un montón de cuando era una esposa decente. Bueno, lo sigo siendo porque a Mateo no lo hago cornudo. Y nunca lo haré.
Como el día anterior, entré a la estación y me miraron todos. Esta vez había ido vestida con una calza demasiado metida en el culo, la verdad que, para como me vestía yo, era bastante zafada. Ya al salir de casa el portero se sorprendió, no dijo nada pero me cogió con la mirada, y yo haciéndome la tonta, la que iba al gimnasio o algo así. No estaba acostumbrada, me sentía radiografiada por todos los hombres, especialmente por los del barrio que me conocían y que siempre me veían ir y venir de la mano con mi marido. Pero no les voy a mentir, en un punto me calentaba de una manera nueva. En la estación fui al baño público y me cambié. Conservé la remerita corta y sin mangas y cambié la calza por la minifalda exigida. No había espejo en ese baño mugriento, pero sabía que con mis tetas y mi culo estaba para matar. Me paré en el andén, esperando como una tonta; parecía una puta, o una de esas mujeres exuberantes que les encanta vestirse y lucirse para llamar la atención de todo el mundo.

viernes, 17 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) V

JULI: Capítulo 5
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


9.
—Te venís con el vestidito gris que te trajiste hace quince días… el que tiene esas cosas negras.
Las “cosas negras” eran costuras y detalles gris topo, y el vestido en cuestión era una prenda breve de modal gris claro muy delgado, súper ajustado, que terminaba en una falda cortísima. Arriba no tenía mangas, solo dos tiritas y escote interesante, que con mis pechos se convertía en escandaloso. Ya saben que tengo tremendas tetas y culazo, soy apenas rellenita y con forma de guitarra, así que esa prenda se convertía automáticamente en algo muy muy sensual y provocativo. La tela era tan delgada que se marcaban los bordes de la tanguita, prácticamente como si no tuviera nada, y como la tanga era de esas bien chiquitas que se me entierran entre las nalgas, el relieve terminaba de exponer lo puta que era: hacia afuera por la falda, y hacia adentro por la ropa interior que se veía sin mostrarse. Ir con eso por la calle era una invitación a que todos los hombres me miren y me griten groserías.
—No puedo salir de acá con eso puesto. Me va a ver el portero, los vecinos…
—No sé, bebé, arréglate —me cerró Bencina por teléfono.
—Además, a la vuelta me va a ver Mateo, ¿qué le voy a decir?
—A las seis en punto en la estación de Caballito, en el andén que va para Provincia.

viernes, 10 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) IV

JULI: Capítulo 4
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


5.
Los siguientes tres sábados el jueguito de manosearme las tetas a espaldas de mi marido se convirtió en una rutina. Cada vez que él iba al auto, o al baño, o si iba a lavar los cacharros, Bencina, Wate o Adrián (y en ocasiones dos a la vez) me manoseaban las tetas con una impunidad de comedia italiana. Había decidido ir siempre sin corpiño y remeritas sueltas, para que no se note tanto el relieve de los pezones. Ya no me engañaba: quería el contacto de sus manos sobre mi piel. Abajo alterné minifalda con dos shorts, pero me tomé la precaución de comprarme unos pantaloncitos cortos no muy sexys pero sí sueltitos que permitieron varias veces meterme mano ahí abajo como si no llevara nada. Era casi ridículo, de lo palpable, que tanto los chicos como yo estábamos ansiosos y pendientes de cada movimiento de Mateo para aprovechar y comenzar con el manoseo furtivo. ¡Parecíamos pre adolescentes!
Pero no todo se dio en la sobremesa. Entre los tres sábados hubo dos momentos donde el jueguito se fue un poco de cause. Un día yo no me sentí bien, me bajó la presión y me la pasé un rato largo en el auto, con el aire acondicionado. Mateo me atendió al principio llevándome un vaso de 7up, pero en cuanto se puso a hacer el asado comenzaron a venir los chicos. Con más 7up, o un poco de asado. Se sentaban del lado del quincho, como para cubrir con su cuerpo, el mío. Y mientras hacían como que me atendían, me manoseaban.
—¿Te sentís mejor, Juli? —Bencina se colocaba de costado y me metía la mano bajo la remera. Enseguida encontraba mis pechos, que son grandes, y los pezones, que esta vez no estaban duros.
—No, Bencina…
—Mirá que no venga el cornudo.
—Por favor, me siento mal…
Pero a Bencina no le importaba. Se llenaba las manos con mis pechos y los amasaba como un bollo de pan.
—Qué buenas gomas tenés… no me voy a cansar de tocártelas…
—Bencina, hoy no…
—¡Shhht! ¡Vos mirá que no venga!

viernes, 3 de febrero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) III

JULI: Capítulo 3
(VERSIÓN 1.1)

Por Rebelde Buey


4.
El encuentro en el baño con Bencina pudo generarme alguna duda pero me disipó muchas otras. Que me manosearan las tetas no eran cuernos. A Bencina le gustaba y a mí, bueno, quizá también. Que mi marido estuviera siempre cerca de la vejación parecía sumar excitación, lo mismo que nombrarlo en voz alta con el apodo de cornudo. No podía negarlo.
Traté de llevar algo de esos encuentros bizarros a la cama, con Mateo. Fuera de aquel contexto tan particular, considerar a Mateo como cornudo no me gustaba, todo lo contrario. Que me manosearan fuerte, tampoco. Cogíamos normal, cogíamos bien.
Lo que sucedió la semana anterior iba a ser una excepción, no podía inventarle a Mateo una excusa semanal para irme diez minutos al baño, justo al salir. Me dejaría manosear por Bencina durante todo el campeonato, a espaldas de mi marido, y cuando el campeonato finalizara, él y yo haríamos como si nada hubiera pasado nunca, por el bien de él, del mío, y el de su amigo.
Fue la primera semana que estuve ansiosa por que llegara el sábado. No voy a mentirles: me pregunté y re pregunté muchas veces si estaba bien lo que sucedía, no tanto por una cuestión moral, pues no me sentía demasiado culpable por el hecho de que me manoseen, sino porque sus amigos se aprovechaban de él a sus espaldas y yo los ayudaba, y eso me ponía mal. Pero en cada oportunidad me decía lo mismo: que no era para tanto, que no eran cuernos, y que no se iba a enterar nunca porque las tetas me las tocaban cuando él estaba lejos.

viernes, 27 de enero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) II

JULI: Capítulo 2
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


3.
—¿Y? ¿Qué vas a hacer?
El lunes le había dicho a Mateo que no iba a acompañarlo más a sus partidos de fútbol. Se desanimó un poco, le gustaba que lo viera y que lo acompañara. Y a mí también me gustaba. Me sentía más su mujer, allí metida en ese ámbito tan de él. Claro que desde que su amigo Bencina me manoseara los pechos a sus espaldas, ya no podía pensar en otra cosa. Pasaba con él toda la mañana del sábado, el medio día y buena parte de la tarde. En cambio el manoseo furtivo de su amigo solo habían sido unos pocos segundos en solo dos oportunidades. Entonces ¿por qué le daba tanta importancia? Supe que la pregunta no era esa.
La pregunta era por qué se lo había permitido. No son cuernos, me repetí durante toda la semana. Y no lo eran. Solo me había dejado tocar uno de mis pechos mientras Mateo no estaba, no era que me había dejado coger. Durante la semana siguiente Mateo me insistió que vaya, y yo, que había arrancado muy firme el lunes, el viernes ya le decía que iba a ver. Mi excusa era la limpieza de la casa. Pero el mismo sábado rogaba que me insistiera para ir.
—Bueno, voy —resolví—. Pero mañana ayudame a limpiar.
Decidí ir para frenarlo a Bencina. La última vez me había pedido que vaya sin corpiño. ¡Qué desfachatez! Tenía que decirle que ya cortara con el jueguito.
—Dale, vamos —me apuró Mateo con el bolso en la mano.
—¿Ahora? Dame quince minutos, no voy a ir así, ¡estoy re crota!
Estaba vestida como me había levantado. Un short de algodón y una remera de dormir.
—Vamos a un parque a comer un asado, después de un partido de futbol. ¿me estás jodiendo, amor?
No me dejó maquillarme, apenas si pude ponerme una pollera larga —como para mostrarle a Bencina que iba en plan decente— y un cepillo para arreglarme el cabello en el auto. A medio camino me di cuenta que de la cintura para arriba esta igual que como había dormido: con una camisetita de algodón sin mangas y sin corpiño. ¡Mierda!

viernes, 20 de enero de 2017

Juli (y el Cornudo de Tetas) I

JULI: Capítulo 1
(VERSIÓN 1.1.)

Por Rebelde Buey


1.
Antes que nada deben saber que nunca hice cornudo a mi marido. Y que jamás lo haré.
Dicho esto, debo aclarar que tampoco soy la Madre Teresa. Soy una mujer joven, sana, plena, con deseos y necesidades como cualquiera. No sé cómo funciona en los hombres, pero en nosotras no hay un patrón; un tipo te puede gustar por cualquier cosa: la manera de hablar, la seguridad que muestra, el humor, la inteligencia, lo que sea. Sí, también la facha; pero no es la facha lo que hace la diferencia, lo que te hace dudar de lo que nunca dudabas. Es la masculinidad. Que puede estar en la voz, en el olor, en una mirada.
No sé cuándo comenzó esto que voy a contarles. Sin dudas comenzó aquel día de futbol en el parque, cuando Bencina por primera vez me metió una mano en los pechos, con mi marido en el baño. Pero por supuesto comenzó antes, mucho antes, con las miradas… Yo diría que comenzó de novios, el mismo día que Mateo me presentó a sus amigos.
No me malentiendan, yo amaba a mi novio, el que hoy es mi esposo y sigo amando, pero en el instante en que me presentó a “sus chicos”, como él los llamaba, me di cuenta que eran más hombres que él. No, Mateo no es poco hombre. Ni marica. Ni metro sexual, siquiera. Mateo es un tipo común y corriente. Tampoco es que sus amigos son unos machos de película porno, solo tienen un plus de masculinidad por sobre mi amorcito. Bastante por encima.
Con esto no quiero decir que me eché a sus pies o me les insinué. No sean tontos, una mujer no hace eso. Tampoco me interesó ni me interesa hacer a mi marido cornudo. No lo necesito. Pero cuando los amigos de tu novio son más de ir al frente que él, más lanzados, más seguros, más masculinos… la cabeza te va trabajando de a poco y sin pausa. No es algo de lo que te des cuenta, y sucede a lo largo de los años. Recién caés el día que estás haciendo el amor con tu marido y tus pensamientos se te van a sus amigos. O cuando te preparás para ir a un cumpleaños al que sabés que va a ir uno de ellos y te ponés un poquito más sexy, con la excusa de estar linda para tu esposo.
Bencina —lo mismo que Adrián y Wate— me gustó desde el día que Mateo me lo presentó. El beso en la mejilla me acercó su aroma a colonia affter shave y un dejo muy suave a tabaco dulce. No hubo nada, por supuesto, no me interesaba nada de nada, mucho menos con amigos de mi novio. Los años siguientes fueron casi iguales, frecuentándonos seguido y jamás cruzando ningún límite. Hasta que en una salida grupal, donde corrió algo de alcohol, Bencina empezó a mirarme con otros ojos. O como dice él, yo vi con otros ojos cómo él me miraba, pues siempre me miró con deseo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Dayana - Anexo 01

EN EL NOMBRE DEL PADRE
Dayana: Anexo 01
(VERSIÓN 1.0)

Por Rebelde Buey


Golpeó tímidamente. Venía envalentonado pero los gemidos al otro lado de la puerta lo acobardaron un poco. Siempre lo amedrentaba escuchar a su novia gemir cuando cabalgaba sobre la verga de su padre. Y peor si hablaban.
—¡Ah, por Dios, qué bien me coge, suegrito!
Toc! Toc!
—M-mi amor… ¿estás presentable?
Siempre se cogía a Dayana en esa habitación. O casi siempre, porque a veces, después de cenar, al padre le agarraban ganas y la tiraba y desnudaba sobre el sillón del living, como aquella primera vez, mientras él se quedaba levantando la mesa y lavando los platos.
—¿Qué querés, cornudo? ¡Dejá coger!
No solo los gemidos se escuchaban. La cama era un escándalo, y el golpeteo de las carnes en el bombeo eran como pijazos al corazón.
—Mi amor, es que… conseguí plata…

Qué temas con cuernos te gustan más?