jueves, 29 de abril de 2010

Juegos

JUEGOS

Por Rebelde Buey

Aceptaste la mano del chico y éste te arrastró fuera de la pista de baile. Comenzaste a escudriñar entre la gente y la oscuridad, buscándome. No me encontrabas y maldijiste en silencio la velocidad a la que te llevaban.
-Más despacio, corazón…
El chico giró y te sonrió. Y obedeció solícito. “Dios”, pensaste. ”¡Qué sonrisa!” Y sentiste cierta calentura. Pero también preocupación porque no encontrabas lo que buscabas.
“Bebu, ¿dónde te metiste…?”
Me habías pedido que te traiga una cerveza bien fría. La aclaración “bien fría” significaba “mi amor, dame tiempo que quiero que juguemos un ratito con este bombón”.
La realidad era que la palabra clave no hacía falta. Nos entendíamos a la perfección, como si nos leyéramos. Y vos no dejabas de sorprenderte nunca de estas coincidencias, y sospechabas que, aunque yo tenía más experiencia, en situaciones así, también me sorprendía.
Pero bueno, no me encontrabas y el chico ya estaba llegando a los reservados. Me conocías lo suficiente como para saber que aunque no estaba previsto, no me iba a enojar si te salías un poco del plan. Jugar también era improvisar. E improvisar era algo que a vos cada vez te gustaba más. El problema era que yo no te iba a encontrar en la pista, y quizá pensaría que te podría haber pasado algo. A veces me preocupaba demasiado por esas cosas.
Buscaste tu celular y lo pusiste en vibrador. Cuando yo me preocupara en serio, te llamaría. Por otro lado…
Sonreíste divertida. “Por otro lado –pensaste- va a ser divertido que el bebu me busque por todo el boliche creyendo que estoy bailando y franeleando, y me encuentre en el reservado matándome con éste flaco…”
El chico te agarró de la cintura y se juntaron un poco para pasar entre una barra y un grupo de gente.
Vos me buscaste por última vez. Dos metros más allá y estarían fuera de mi alcance.
-¿En serio ese tipo era tu novio? ¿No es muy grande para vos?
Entraron al muy oscuro reservado, el flaco siempre tomándote de la cintura. Viste que había varias parejas pero de pronto te sorprendió un sillón con una sola persona.
-¿Muy grande…? –miraste bien y adivinaste mi silueta y mi forma de sentarme. Sonreíste desde tu alma y fue como si el sol te iluminara. Tenías ganas de ir corriendo a darme el mejor de tus besos, pero no podías. Volviste a sonreír. Ese beso se lo llevaría el chico lindo que habías elegido para jugar.- No. No es muy grande ni muy chico. Es justo para mí…
Sin soltarte de la mano, lo llevaste al silloncito que estaba enfrente mío. La oscuridad era nuestro cómplice. Y la desesperación del muchacho, una ayuda inestimable.
Te cruzaste de piernas deseando que yo te espiase. Te gustaba lucirte para todos, pero te fascinaba mostrarte para mí en momentos en que yo no podía hacerte nada.
Y claro que te espiaba. Estabas adelante mío y encajada en esa cortísima minifalda que recién ahora entendía por qué habías insistido en ponerte. Se me paró la pija nada más de saber que habías premeditado con tanta anticipación esa jugada. Además, recordaba qué llevabas puesto debajo de esa minifalda. Me habías obligado a ponerte una micro tanga negra que te quedaba tremenda. Tuve que ponerme de rodillas y pedirte que subieras primero una pierna y luego la otra, y con paciencia infinita y calentura mayor, te fui subiendo la tanguita casi sin tocarte nada. No poder tocarte las noches que salíamos a jugar se estaba convirtiendo en una costumbre cada vez más excitante.
Se pusieron a apretar descaradamente. El flaco fue casi inmediatamente a tus piernas desnudas tratando de meter mano por debajo de la falda. Vos lo agarrabas también de todos lados y tratabas de despegar la cola del asiento para que metiera manos más profundamente. El flaco comenzó a magrearte las piernas y los pechos. Sus besos eran apasionados. O calentones. Vos te estabas excitando pero el chico iba un poco rápido para tu gusto. Además, te preguntaste cómo la estaría pasando yo. Aunque descontabas que bien o muy bien, siempre te fastidiaba tener que esperar a vernos después para preguntarme y estar segura. Igual, por experiencia, ya sabías que si te veía disfrutando, yo disfrutaba a la par.
Miraste por sobre el hombro de tu amante, buscándome en el silloncito de enfrente. Y me viste.
Un flash de luz dio por un segundo sobre mí y viste que tenía disimuladamente una mano sobre mi bulto, por sobre el pantalón. Eso te calentó más de lo que te habías calentado hasta ahí. Tenías ganas de hablarme, de besarme, de mimarme. Pero también tenías muchísimas ganas de que ese chico te manoseara, te besara y te usara. Para disfrute tuyo y mío. Querías todo a la vez y hubieses pagado en dólares para poder decirme: “amor, vas a tener que esperar porque ahora le toca a él…”
Deseaste que te hubiese leído el pensamiento y te zambulliste en sus brazos que te manoseaban todo el cuerpo.
Deliberadamente me ignoraste. Te dedicaste a disfrutar del juego en toda su dimensión. Sus dedos te recorrían toda pero cada vez se quedaban más bajo tu minifalda. Lo dejaste hacer. Trataste de poner tu cola hacia fuera, para que yo pudiera ver mejor. El flaco comenzó a coparse con tu cola y tu conchita.
Comenzó a meter un dedo y sacarlo, luego a volver a meterlo y jugar. Tu conchita ya estaba totalmente empapada y vos comenzabas a gemir.
-Uhhh…
El primer “uhhh” casi me pone la pija en la garganta, tal la erección que me provocó. Mi boca comenzó a secarse sin remedio y vos seguías con tu hermosa melodía:
-Ahhh… Sí…
Te estabas abandonando al placer y el flaco lo sabía. Comenzó a mover más y más e incursionó en tu colita sin que vos ofrecieras una mínima resistencia.
Cuando te apoyó un dedo en el ano pensaste inmediatamente en mí. Una ola de calentura extrema te invadió. Y le dijiste fuerte, más para mí que para él:
-Ahhh… la colita, no…
El flaco sonrió porque mientras le decías que no, acomodabas tu cola para que su dedo entre más fácilmente.
-No, la colitahhh… nohhh… uhhh…
Pero te acomodabas mejor y te enterrabas el dedito un poco más.
-Sí, bebé… -te decía él.- La colita, sí…
Yo estaba tan al palo que ya había largado la gotita de líquido pre seminal y la sentía en mi boxer. No sabía cómo acomodarme para gozar mejor del espectáculo que me daba mi negrita putita.
-No… -insistías vos sin ninguna convicción. Y agregaste mirándome directamente a mí sin que él se diera cuenta:- A mi novio no lo dejo… Así que vos no deberías…
Pero te seguías enterrando más y más el dedito. El flaco también aprovechaba para meterte otro dedo en la conchita. A veces lo sacaba y te magreaba las tetas. Te besaba todo el tiempo y en un cambio de posición vos lograste quedar hacia fuera del sillón, dejándolo a él adentro.
Hacía rato que querías quedar así. Los silloncitos que estaban enfrentados se separaban por muy corta distancia y era fácil estirar las piernas y buscarme. Yo lo advertí y también me estiré. En la oscuridad del boliche nuestros pies permanecieron unidos mientras el flaco te enterraba el segundo dedo en la cola y te hacía gozar de una manera absolutamente perversa y libre.
La calentura era demasiada. Le dijiste al flaco: -No aguanto más. Voy al baño y cuando vuelva, preparate.
Así que te fuiste al baño. Pero yo sabía que ya no volverías. Así que unos minutos después me levanté a buscarte a la puerta del boliche.
Nos íbamos en el auto a la velocidad de la luz. No hacía falta calefacción. La temperatura que llevábamos era suficiente. Yo no sabía si hablar o callarme. A veces a vos te gustaba hablar y comentar todo, pero a veces te ponías en tu rol de reina-diosa y negabas hablar nada hasta llegar a casa.
A mitad del camino silencioso me diste una pista:
-Bebu, hoy me vas a adorar toda la noche cómo nunca en la vida…
-Sí, mi amor… -dije con la pija dura como un garrote.
-Y si te portas bien, solamente si te portás bien, vas a tener el privilegio de poder cogerme…
Cruzamos la puerta del departamento y ya sabías lo que venía. Dijiste irónica:
-¿Querés que me pegue una duchita, amor…?
Por toda respuesta tiré tu cartera y mis llaves lejos y te apoyé contra la pared. Te tomé de los muslos desnudos por la corta minifalda y me arrodillé ante vos dispuesto a adorarte y rendirte tributo.
Te levanté apenas la mini y me zambullí en tu entrepierna con hambre y devoción. Salvajemente. Como un animal. No te estaba haciendo sexo oral. Te estaba comiendo tu sexualidad y tu vitalidad de hembra. Era como comerte a vos. A tu emputecimiento. A tu frivolidad y corrupción. De día adoraba con mimos todas tus virtudes, pero ahora adoraba todos tus pecados.
Me tomaste de los cabellos y levantaste la vista hacia el cielo, cerrando los ojos.
-¿Te gustó mi amor…? –me decías.- ¿Te gustó verme mientras otro me hacía de todo…?
Mi rostro se metió más dentro tuyo, si eso era posible. Y vos disfrutabas ese arrebato de pasión incontrolable con la satisfacción de saber que lo habías provocado todo.
-Mi amor… -me dijiste, y me apartaste levemente.
Te diste vuelta y te pusiste contra la pared, sacando la cola hacia fuera y poniendo carita de nena triste.
-El bruto ese me metió dos dedos en la colita y me hizo arder… duele…
Y vos sabías ya lo que venía. Y lo disfrutabas por adelantado.
La pasión animal desapareció como por arte de magia. Vos inclinaste tu cara hacia la pared, dándome la espalda totalmente. Yo te corrí suavemente la pollerita hacia arriba y la tanguita negra hacia un costado. Con ternura te tomé las nalgas y acerqué mi rostro despacio.
Con la mayor de las dulzuras y el mejor de los cuidados traté de aliviar con mi lengua los dolorcitos que te había hecho ese bruto. Una y otra vez. Una y otra vez…
Vos me guiabas sonriendo: “así, mi amor… así…”, “más adentro, mi amor… me duele mushhhio…”
Y disfrutabas y disfrutabas… La pasión. La ternura. Los cuidados.
Terminábamos abrazados en la cama, cansados, felices. Plenos. Cada uno daba lo suyo y recibía justo lo que necesitaba del otro. Era perfecto. Mañana sería otro día. Mañana sería otro juego: tomar mate, cocinar algo, ir al cine.
Perverso o cotidiano, no importaba. Sabías que siempre terminarías tu día dormida sobre mi pecho.


FIN -531

17 de Febrero de 2006 – 1.30 horas a 4.00 horas

3 comentarios:

  1. SOS UN LOCOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!

    Bebu, no pensé que publicarías "nuestra" historia...pero te quedó hermosa :)

    Besote.

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  2. El cornudo romantico tmb realista. Assi se Dan Los cuernos consentidos.

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